Neil Young & Crazy Horse - Barn

Críticas Discos

Neil Young vuelve vuelve sobre sí mismo en su nuevo disco.

…en “Barn” nos podemos encontrar al Neil de siempre, el tiempo apenas hace un leve e imperceptible trabajo de erosión en la morfología de su sonido…

No sería muy lógico, ni coherente, ni posiblemente justo, solicitar del viejo Neil Young un nuevo truco de prestidigitación musical, una penúltima carta ganadora sacada de su sombrero de granjero, un nuevo empujón que retire de nuestras vidas las acomodadas rutinas musicales de los setenta. Estas hazañas deberían ser prerrogativa de una juventud cargada de veneno y talento, y no de un septuagenario que lleva derrochando ambas sustancias desde hace más de medio siglo.

Por eso no seré yo quien solicite estas gracias de alguien como Neil Young, alguien a quien el manido atributo de leyenda apenas le hace justicia, a poco que uno se detenga a observar la ecléctica grandeza de su legado.

No entraré en valoraciones a propósito de la restauración de un granero para grabar este nuevo catálogo de canciones que responden al título, obviamente, de “Barn”. Es más, lo tomaré como una nueva excentricidad de este viejo hippy, que ahora se ve incondicionalmente encubierto y auxiliado en estas lides por su actual esposa.

En cualquier caso, en “Barn” nos podemos encontrar al Neil de siempre, el tiempo apenas hace un leve e imperceptible trabajo de erosión en la morfología de su sonido, y menos aún cuando, como es el caso, este viene esculpido por sus siempre adeptos Crazy Horse.

Neil Young & Crazy Horse
Neil Young & Crazy Horse

Escuchando estas canciones he sentido el peso y las consecuencias de las muchas horas que a lo largo de mi vida he empeñado en escuchar discos del más grande, y eso me ha situado de manera inmediata en el epicentro de este nuevo trabajo, asimilando cada canción, e incluso adelantándome a cada cadencia vocal de resquebrajamiento al final de algunas frases, al barrido de muchos de los acordes, a la vagabunda pegada de las baquetas, a las pisadas cetrinas del bajo, a profetizar el sentido de cada nuevo pellizco a las cuerdas en alguno de los oxidados solos extraídos de la ‘old black’. Por momentos, me he visto como si estuviese revisitando tiempos pasados que hoy vuelven agazapados en los surcos de “Barn”, avanzando de puntillas, sin tratar de cambiar nada, sin pretender sorprender, queriendo solo estar.

Quizás el tiempo para que un disco como este hiciese estragos ya ha pasado. Es posible que las coordenadas actuales aunadas a los años transcurridos hagan de estos temas un ramillete de buenas canciones alumbradas por quien ya dejó emancipadas para la posteridad a las madres de todas las canciones que habrían de sonar como estas, y por eso en estas creemos ver a esas hijas que nunca tendrán la pose y el carácter de la dama que las engendró, aunque sí su caída de ojos, su sonrisa o la misma curva de la barbilla. O a lo mejor, simplemente es que “Barn” no deja de ser un disco acicalado como en los setenta, y ahora está a punto de terminar 2021.

No seré yo quien cargue contra “Barn”, creo que es una bendición que Young siga siendo capaz de transportarnos a los paisajes amarillos de maíz y polvo gracias a la armónica y el acordeón de “Song of the season”; que la electricidad anárquica de las guitarras se enrede con su quejumbrosa voz para agitarnos en “Heading west”; que nos sitúe en los primeros pasos de Lofgren como colaborador, no solo de guitarras, durante la grabación de “After the gold rush” en “Change ain’t never gonna” o que sepamos que aún tiene equilibrio para cabalgar sobre la cola de aquél cometa que fue “Ragged Glory” en “Canerican”.

He escuchado opiniones en torno a que las guitarras de Lofgren no suenan como las de Poncho, es cierto, tal vez el joven prodigio de Chicago es demasiado refinado, pero ello no deja de suponer una bendita diferencia dentro del terreno ya transitado y gozado que es “Barn”.

Tampoco seré yo quien cite este disco como una de las obras definitivas del canadiense, no creo que haga falta este tipo de declaraciones grandilocuentes, algún tema se me hace menos digerible e incluso pastoso. Eso sí, me sigue pareciendo encantador que no deje su militancia ecológica y política o que se derrita de amor por su esposa, enfrentándose al paso del tiempo y reivindicando su lugar en un mundo que parece confeccionado para la juventud.

En resumidas cuentas, creo que Neil Young ha vuelto con un disco de los que siempre ha hecho, con el desgaste de los años y la pérdida de la frescura en su tuétano, pero sin romper su estampa ni su envergadura de leyenda. Se muestra como un joven, retenido en los setenta, sí; inamovible en la memoria de muchos, volviendo sobre sí mismo, inalterable en lo importante: en la esencia y en el espíritu.

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2 comentarios

    1. Muchas gracias Alberto. Se trata sin duda de un buen disco anclado al Neil de siempre, al Neil de los mejores discos, pero en 2021.
      Un abrazo.

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