Crónica del concierto de The Waterboys y Steve Earle en el Roig Arena de València durante el 3 de septiembre de 2026.
… un auténtico lujo de concierto donde se demostró que pasan los años y las décadas, pero The Waterboys mantienen la actitud y el espíritu original, con mención especial para su alma y líder Mike Scott que, con sus pantalones de seda salvaje, demostró una vez más su profesionalidad, su talento, su carisma y su carácter perfeccionista en el escenario.
Se veía venir que iba a ser algo muy grande y no defraudaron las expectativas depositadas. The Waterboys volvían al Roig Arena de València nueve meses y seis días después. La diferencia principal radicaba en que aquella ocasión presentaban el álbum “Life, Death and Dennis Hopper” de 2025 y esta vez era la única posibilidad española de ver en vivo, al menos por ahora, un concierto de la llamada gira The Fisherman’s Blues Revue que, principalmente, homenajeaba uno de sus trabajos discográficos más aclamados y emblemáticos como fue el publicado en 1988, auténtica travesía épica que ensamblaba la Big Music y el folk rock tradicional irlandés.
En la entrevista a Mike Scott que realizamos aquí en el Exile hace unas semanas ya nos anticipó sorpresas y doy fe que las hubo, empezando por las puntuales reincorporaciones del extraordinario y legendario violinista Steve Wickham y de Vinnie Kilduff en los instrumentos de viento, así como la participación del gran Steve Earle que tuvo su especial protagonismo a partir de la segunda fase del evento. Junto a ellos, Brother Paul al órgano, Famous James al piano, Aongus Ralston al bajo, Eamon Ferris a la batería y Roar Øien con el lap steel. En total, nueve miembros encima del escenario se dejaron ver en la recta final, se dice pronto.



La primera parte fue demoledora, aunque el sonido no llegó a estabilizarse hasta la tercera o cuarta canción. “Don’t bang the drum” fue el pistoletazo de salida, acaso por ser un himno muy querido en la capital del Turia o simplemente porque es una pieza ideal para introducirnos en los aposentos del pueblo costero irlandés de Spiddal donde se grabó aquella especie de folk celta heroico que los encumbró a lo más alto.
Eso sí, antes de sumergirnos en tamaña hazaña exaltaron a la privilegiada audiencia con clásicos incontestables como “Glastonbury Song”, “How Long Will I Love You?”, una extraordinaria revisión del histórico primer single “A Girl Called Johnny” o la siempre épica y mágica “The Pan Whitin”.
Con “We Will Not Be Lovers” y la incorporación de Wickham en “The Raggle Taggle Gypsy” se produjo el giro folclórico que, realmente, daba sentido concreto al show. Difícil, muy difícil, no caer en ese eclipse cargado de emoción que resultó el medley del “Sweet Thing” de Van Morrison y el “Blackbird” de los Beatles. Ídem de lo mismo con la inmensa balada “Strange Boat”, con el instrumental “Dunford’s Fancy” o con “The Stolen Child” que, para un servidor, resultó el momento más prodigioso de la velada, donde Mike Scott y su banda bordaron el misterioso e inquietante poema de William Butler Yeats sobre un niño seducido por unas hadas que le prometen un mundo sin tristeza ni sufrimiento.


Tras el consabido intermedio llegó la segunda parte con Steve Earle que, si no me equivoco, era la primera vez que actuaba para la parroquia de la capital valenciana y que servía de mayor anzuelo al evento en cuestión, al menos para el que suscribe, muy fan del cantautor y compositor de música country, exadicto a las drogas, exconvicto, actor, escritor y comprometido activista.



Junto a Mike Scott que lo presentó nos deleitó el de Virginia con “Copperhead Road” y ya con mayor protagonismo junto al resto de banda con “Guitar Town”, “My Old Friend the Blues”, ”I Ain’t Ever Satisfied” o el tema compuesto junto a Los Lobos que presentamos en primicia aquí en el Exile “Volver a Celaya”. Me quedé con las ganas de escuchar la maravillosa “City of Immigrants”, pero esa ausencia se pudo compensar con la interpretación de “Kansas” junto a la “fisherman-star”, recuperando el tributo del pasado año al icónico actor, cineasta y fotógrafo Dennis Hopper.
Después, el retorno al cauce folclórico irlandés con “When Ye Go Away”, “When Will We Be Married?”, “Has Anybody Here Seen Hank?” y la siempre conmovedora “And a Bang on the Ear”. Entre medias, “Come Back to Galway” como aproximación de la velada a la reciente edición del “Atlantic Rain”, el triple álbum con piezas inéditas de las sesiones de grabación del “Fisherman’s Blues”, y una gloriosa versión de la fabulosa “Dead Flowers” de Sus Majestades los Rolling Stones.
Para el bis, Earle nos deleitó con esa joya de matices autobiográficos que es “The Galway Girl” antes del inevitable remate apoteósico de “Fisherman’s Blues” y del himno gospel reconvertido en clásico country y de bluegrass, “Will the Circle Be Unbroken?”, que cuenta con versiones ilustres de The Carter Family, John Lee Hooker, Johnny Cash…


Un auténtico lujo de concierto donde se demostró que pasan los años y las décadas, pero The Waterboys mantienen la actitud y el espíritu original, con mención especial para su alma y líder Mike Scott que, con sus pantalones de seda salvaje, demostró una vez más su profesionalidad, su talento, su carisma y su carácter perfeccionista en el escenario.
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