Discos Críticas

Reseña y crítica sobre Løse, la banda de Diego Vasallo, Fer García, Xabi Arratibel, Oriol Flores y su álbum debut homónimo, publicado en 2026.

… siete piezas, para qué más, todas coincidiendo en el extenso minutaje, todas entre atmósferas y brumas, todas ásperas y, al mismo tiempo, todas con una belleza insondable por una lírica inconmensurable y una voz cavernosa, todas con una grieta por donde entra la luz, como decía Leonard Cohen en “Anthem”…

Durante el pasado verano me llamó poderosamente la atención leer en las redes sociales del gran Diego Vasallo una serie de frases con cierto halo intrigante y críptico. Copio y pego teniendo en cuenta mis lagunas mentales para recordarlas con exactitud: “Løse es soltar, desatar, despegar, zanjar…” “Løse son canciones de fuzz, cenizas y desorden… ”, “Løse nace para invocar a lo que aún conocemos, con poesía, ruido y mareas de sonido, para zanjar todos los asuntos que nos trajeron aquí, para liberar la duda, para disolver el enigma.”

Aquello parecía eso, nunca mejor dicho, un misterioso enigma. Recuerdo que por aquel entonces pensé en la posible relación del signo ø de Løse con el conjunto vacío y sin contenido en matemáticas, o con el diámetro de un círculo en dibujo técnico. Poco después se incrementó mi interés y comencé a ver un rayo de luz al leer aquello de que “Løse es furia, amor y desamparo”, “Løse somos Fer García, Xabi Arratibel, Oriol Flores y Diego Vasallo desde las brumas y cumbres escarpadas de Gipuzkoa”.

Løse 2026

Ya en diciembre del pasado año todo cobraba sentido con Hay un hueco en algún sitio. Era el primer adelanto del álbum que nos ocupa, una pieza llena de nocturnidad, persuasión, cierta sensación de riesgo y con la que se resolvía todo el enigma. El que suscribe quedó prendado de la misma como hacía tiempo no estaba tanto de una canción. La escuchaba una y otra vez, en bucle puro y duro. Entre esas sucesivas audiciones descubrí que Løse era un vocablo escandinavo de uso noruego y danés que significaba lo primero que Vasallo dijo, del mismo modo que se cumplían todas y cada una de las palabras que él definió para presentar este proyecto musical.

A principios del año en curso llegaría el segundo adelanto Cose mis heridas y otra vez se repetían muchas de las anteriores sensaciones, unidas a una aureola de carnalidad y de crudeza guitarrera en lo que podría considerarse como una extraña y adictiva fusión de psicodelia, noise-pop, post-punk, shoegaze y rock alternativo. Sonaba a algo ya escuchado, o lo buscaba mentalmente en ese afán de relacionar influencias, aunque era incapaz de determinarlas con exactitud mientras retumbaba una y otra vez lo de “¿Y eso que significa? ¿eso qué significa? Decide tú el camino”.

Con esas buenas expectativas el inminente álbum apuntaba maneras, tantas que difícilmente podía decepcionar. Y vio la luz Løse, sin más título que el nombre de la banda, como tantos grandes homónimos debuts de la historia del rock, con siete piezas, para qué más, todas coincidiendo en el extenso minutaje, todas entre atmósferas y brumas, todas ásperas y, al mismo tiempo, todas con una belleza insondable por una lírica inconmensurable y una voz cavernosa, todas con una grieta por donde entra la luz, como decía Leonard Cohen en “Anthem”.

En él, la encargada de destapar la caja de los truenos (o mejor, de las marejadas), con casi diez minutos de duración, era“Pétalo en el aire” y… de nuevo se cumplían los patrones, en sucesivas audiciones quedaba atrapado en su torrente existencial, ese que se escapa entre las manos. El verso final de Vasallo es tremendo: “Toda tu vida entera es un pétalo en el aire”, entre las retorcidas guitarras de Fer García, suena a sentencia, no se sabe bien si condenatoria o absolutoria.

A invocación, o quizás a súplica, entre blues y folk místico, deambula “Con esta luz que nace” que, con ese trueno guitarrero tras casi cinco minutos de letanía, nos arrastra hacia las lindes, allí “donde lo nuevo espera al despuntar el día” como antes antes había recitado (o cantado) Vasallo.

Løse 2026

En “Nuestro cielo al alcance de la mano” se reavivan los faros, el resplandor, las esquirlas de luz y las curvas del asfalto entre unas guitarras que parecen cabalgar por el post-punk más denso y velvético. Mantiene esa línea “Zona de sombras” en la recta final, entre “un torrente de ruido y espuma”, con ese roce de la piel y en ese alimentar el fuego que capta, cual si fuera un lienzo, el momento del recuerdo de la pasión.

Para rematar,“No me cuentes nada que no quiera saber” es un aprender, un volver a empezar, acaso como el modo de reinventarse su compositor, ese cuyo recorrido musical pasó por Duncan Dhu donde alcanzó gran fama con su indie-rock británico a la española en los 80, el que en los noventa encabezó un proyecto como Cabaret Pop donde exploró la electrónica con el funk, el que ha combinado su faceta como pintor con la de cantautor de profundidades líricas sísmicas, el que eligió el honesto camino de lo underground, el que es comparable a grandes letristas de la talla de Berrio o Lapido, el que el tiempo colocará en el lugar que merece y el que ahora emerge a lo grande con Løse.


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