Stray Cats - portada

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El 19 de febrero de 1981 estaba ya en las tiendas el primer LP de Stray Cats, un disco que iba a aportar aire fresco a la escena rockabilly y que se convertiría en vital en la historia del género. Celebramos su 45º aniversario con este especial.

Si existe un libro de frases legendarias en la historia del rock’n’roll, allí debe estar escrita la que cuenta la historia que Dave Edmunds dijo a Stray Cats: «Tíos, os voy a producir antes de que caigáis en las manos de cualquier productor moderno y se cargue vuestro sonido».

Corría el mes de junio de 1980 cuando tres jóvenes estadounidenses de peculiar aspecto y cargados con sus instrumentos musicales pisaban suelo inglés, no sin ciertos problemas con las autoridades de inmigración del londinense aeropuerto de Heathrow, dispuestos a probar fortuna en el mundo del rock’n’roll. Les habían contado que Inglaterra era algo así como la «tierra prometida» para el rockabilly y ellos, que ya llevaban un tiempo tratando de ganarse la vida como músicos en su New York natal, compraron cuatro billetes de avión -una cosa era facturar la guitarra y la semi-batería, pero el contrabajo era un tema más complicado- y pusieron rumbo a la capital británica dispuestos a cumplir su sueño.

Brian Robert Setzer, Leon Drucker y James McDonnell eran sus nombres, aunque pronto serían más conocidos como Brian Setzer, Lee Rocker y Slim Jim Phantom, por supuesto. Eran Stray Cats, aunque no está claro que por entonces ya usasen ese nombre para la banda.

Los tres chicos, con apenas 20 años y sus pertenencias reducidas a lo mínimo pues habían vendido antes de viajar prácticamente todo lo que tenían -habían conservado sus instrumentos y lo esencial-, se encontraron de golpe con la cruda realidad: nada era tan bonito ni tan fácil como se lo habían pintado o como ellos lo habían imaginado y, para empezar, tuvieron que alojarse en un squat compartido con punks. Sin duda, tener como hogar una casa ocupada era mejor que dormir en la calle o en un parque -llegaron a tener que hacerlo- incluso en el verano británico.

Stray Cats
Los jóvenes gatos callejeros: Slim Jim Phantom, Lee Rocker y Brian Setzer.

Desde allí, mientras malvivían y malcomían, empezaron a moverse tratando de conseguir que les dejasen actuar en cualquier sitio con tal de darse a conocer. Por entonces ni siquiera tenían claro el nombre de la banda -aunque hay quien dice que ya habían actuado como Stray Cats en Estados Unidos antes de viajar a Inglaterra-, pero su descaro y sus ganas -incluso la necesidad dada su situación- de intentarlo les llevó a conseguir una oportunidad. Llamó la atención no sólo su calidad musical, sino también su puesta en escena con la semi-batería al frente y el aspecto del trío, con una apariencia mezcla de rockers, teddy boys, punks

Retomando el tema del nombre de la banda, cuenta Slim Jim Phantom en sus memorias (‘A Stray Cat Struts’, Thomas Dunle Books, 2016), que fue Lee Rocker quien sugirió el nombre de Stray Cats por el simple hecho de que les gustaba el termino «cats» -en New York habían actuado bajo el nombre de Brian & The Tomcats-, que viene del lenguaje coloquial de los jóvenes de los años 1950’s, y porque no tenían donde vivir, de modo que eran «gatos callejeros». El resto de miembros de la banda dieron en su momento otras versiones pero, oye, esta está muy bien, tiene todo el sentido… y embellece la leyenda.

Además, tuvieron la fortuna de que en sus primeros conciertos los vieron miembros de algunas de las más importantes formaciones del rock británico de la época, como The Clash, Sex Pistols, Motörhead e incluso The Rolling Stones. Desde este punto su camino empezaba a allanarse, consiguiendo nuevos bolos con mayor facilidad y con la llegada de la oportunidad de grabar un disco. De hecho, recibieron la oferta de grabar para el sello de The Rolling Stones, aunque finalmente con quienes firmaron su primer contrato discográfico fue con Arista Records en septiembre de 1980.

Stray Cats
Los gatos, dominando la calle.

Es en el final del verano, mientras empezaba a hacerse realidad para Stray Cats la posibilidad de grabar un disco, cuando apareció en escena Dave Edmunds, quien será sin el menor género de dudas vital en el éxito posterior del trío al convertirse en el productor de la banda. Si existe un libro de frases legendarias en la historia del rock’n’roll, allí debe estar escrita la que cuenta la historia que Dave Edmunds dijo a Stray Cats: «Tíos, os voy a producir antes de que caigáis en las manos de cualquier productor moderno y se cargue vuestro sonido«. Amén.

Los tres Stray Cats entraron en los Eden and Jam Studios de Londres y en sólo cinco días dejaron grabadas las canciones que se utilizaron para su álbum de debut con la producción de Dave Edmunds, que fue vital en el buen resultado final, como él mismo había dicho que haría, consiguiendo que Stray Cats sonaran con toda la energía que mostraban en directo, lo cual a priori no era tarea sencilla pues no hay que olvidar que la banda eran, además de la voz, nada más que tres instrumentos, siendo dos de ellos acústicos.

A finales de 1980 se lanzó el primer single de la formación con ‘Runaway Boys’ por un lado y ‘My One Desire’ por otro y a mediados de febrero de 1981 -algunas fuentes hablan del día 7, otras del 9, otras lo retrasan al 19…- llegó al mercado su primer LP, que se publicó sin título específico y el cual presentaba una portada, con fotografía de Gavin Cochrane, que se convertiría en una de las más icónicas del mundo del rock and roll en general y del rockabilly en particular.

Stray Cats - portada
La portada del álbum, con la foto de los tres gatos en un callejón -obra de Gavin Cochrane- historia del diseño gráfico rockero.

Y ya que estamos aquí, ¿por qué no dar un repaso, siquiera rápido, a la docena de canciones que se incluyeron en la edición original de este primer LP de Stray Cats?

‘Runaway Boys’, que como ya queda dicho más arriba recibió el honor de ser el tema principal del primer single de la banda, fue también el elegido para abrir el LP y, por si fuera poco, se convirtió además en el primero en ser utilizado para un videoclip del trío. Rockabilly a algo más de media velocidad con el ritmo bien marcado por el contrabajo y la batería mientras la guitarra comparte protagonismo con la voz en esta historia de rebeldía adolescente.

Pisaban el acelerador y animaban al baile los Stray Cats con ‘Fishnet Stockings’ antes de ofrecer la primera versión incluida en el álbum, una brillante revisión del ‘Ubangi Stomp’ de Warren Smith en la que mostraban toda su energía y ganas de jolgorio. Seguían con otra versión llena de garra, la del ‘Jeannie, Jeannie, Jeannie’ que grabase Eddie Cochran, el gran ídolo de Brian Setzer.

En ‘Storm The Embassy’ afrontaban temas sociopolíticos de actualidad en aquel momento y en cierto modo, sobre todo en lo que respecta al ritmo y la atmósfera que transmite, podría haber sido grabada por The Clash, o a mi me lo parece, y es que como ya se ha comentado anteriormente, los tres gatos habían pasado un buen tiempo compartiendo techo con punks, lo cual les hizo adoptar ciertos rasgos estéticos y también tuvo su influencia musical, dotándoles de cierto eclecticismo.

El cierre de la cara A es sublime gracias a uno de los himnos inmortales de Stray Cats: ‘Rock This Town’. O sea, la perfección hecha rockabilly en una declaración de principios de pura energía juvenil. Sobran las explicaciones.

Con el disco ya lanzado a velocidad de crucero, la cara B la arrancaban Stray Cats con otra canción que alcanzaría el rango de leyenda para la banda y una de las más coreadas por rockers y teddy boys en sus conciertos, es decir ‘Rumble In Brighton’: una revisión de la «batalla de Brighton» de mayo de 1964 con todo el ritmo y la sensación de peligro que demostraron saber transmitir Brian Setzer, Lee Rocker y Slim Jim Phantom.

Y ya en todo lo alto, en pleno éxtasis, continuaban con otra canción llamada a convertirse en clásico supremo de Stray Cats: ‘Stray Cat Strut’, con el protagonismo perfectamente repartido entre los tres instrumentos y la voz, unos coros insuperables… y un videoclip sencillo pero indiscutiblemente efectivo.

‘Crawl Up And Die’ quizás no fuese de los temas más celebrados del álbum, pero la calidad de este medio ritmo era y es tremenda, con el trío una vez más sonando con toda la potencia y la agresividad que les caracterizó desde el principio. Su versión de ‘Double Talkin’ Baby’ subía de nuevo la velocidad y añadía otro tremendo solo de guitarra a cargo de Brian Setzer, con el maravilloso chasqueo de las cuerdas del contrabajo de Lee Rocker dejándose oír por detrás y todo ello respaldado por la eficiencia rítmica de Slim Jim Phantom y su media batería.

‘My One Desire’ volvía a mostrar a Stray Cats a medio ritmo mientras Brian le explica a su chica las ganas que tiene de verla, antes de rematar el álbum con ‘Wild Saxophone’, su versión del clásico ‘(Everytime I Hear) That Mellow Saxophone’, para la que se hicieron acompañar de Gary Barnacle al saxofón.

No tardaría este LP en trepar ágilmente por las listas de ventas, como un gato callejero lo haría por las paredes de un callejón en busca de su cornisa preferida, hasta llegar a alcanzar el puesto nº 6 en Inglaterra y poniendo además al trío en el mapa del rockabilly a nivel mundial.

Para acabar, no está de más recordar que en estas páginas virtuales de nuestro bien querido Exile, allá por octubre de 2014, se incluyó con toda justicia este disco en un especial sobre los 50 mejores DEBUTS del ROCK de la historia… Y es que, además de su indiscutible calidad, si este álbum de Stray Cats no es el más influyente en la historia moderna del rockabilly… que por favor baje Elvis y que me lo explique.

Stray Cats

Bibliografía recomendada: para saber más sobre Stray Cats, es necesaria la lectura del ya citado PHANTOM, Slim Jim, ‘A Stray Cat Struts’, Thomas Dunle Books, 2016; así como de NORIEGA, Marco, ‘La huella del gato. Historia de Stray Cats’, autopublicado, 2018.


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