Reseña y crítica sobre Jesse Welles y su álbum ‘Masks Off’, publicado en 2026.
… el compromiso luchador de su autor, lleno de actitud, recogiendo la tradición de nombres Woody Guthrie, Bob Dylan, Phil Ochs o John Prine que tanto hacen falta en momentos de confusión, indignación y fragmentación social…
Si hay un caso que, en los últimos años, se puede tildar de geniecillo del rock, ese es Jesse Welles. El ascenso del trovador de Arkansas desde 2024 ha sido meteórico. Y lo más curioso es que su súbito y fulgurante reconocimiento por aquellos aficionados musicales que no están anclados en el pasado no se debe a algún hit concreto o a estar respaldado por algún agente musical influyente, sino más bien a lo prolífico y talentoso de sus publicaciones, sin mirar las formas tradicionales de generar novedades musicales, aunque, todo sea dicho, hayan influido sus nominaciones a los Grammy. Por ello y por mucho más, no es de extrañar que, en fondo y forma, evoque al primer Bob Dylan.
Sobre esa rauda y veloz trayectoria, el que suscribe lo descubrió el pasado año con la estupendísima reseña del excelente «Middle« a cargo de mi querido camarada y amigo David H. Molina en esta revista culturo-musical. Pero es que después de aquello se sucedieron dos álbumes más en estudio de 2025 que volvían a ser notables («Pilgrim» y «Devil’s Den»), así como el directo «With the Devil».

Para colmo, Welles ha aparecido en los últimos meses casi hasta en la sopa (entiéndase la metáfora sin sentido peyorativo). Se le ha visto compartiendo escenario en duetos con la legendaria Joan Baez en su canción protesta anti Trump y enfocada a la justicia social «No Kings», o con algunas de mis heroínas americanas de los últimos años, como S. G. Goodman en una versión del «Knockin’ on Heaven’s Door» de Dylan, o como Margo Price en su «Don’t Wake Me Up» de estudio y en versiones en vivo del «Angel From Montgomery» de John Prine o el «Maggie’s Farm» de Bob Dylan.

Es ahora, en el año en curso, cuando ha llegado «Masks Off», un disco cargado de temas sociopolíticos, reflexivos y de mucha conciencia social, recuperando el espíritu combativo del primer folk dylanita de los años sesenta, pero muy modernizado para las abundantes causas actuales que nos inflaman las neuronas por enojo e indignación. La mayoría de su contenido son algunas de las numerosas canciones que han pasado por su exitoso canal de youtube con casi un millón de seguidores. Es, además, un álbum nada monótono, bastante variado y entretenido, donde está muy presente su punzante mordacidad unida a cierta crudeza personal y algo de misticismo.
Del mismo, todas y cada una de sus once melodías transmiten sinceridad, valor, audacia y, la mayoría, también una llamada a la acción y a la transformación social. La canción que da título al álbum («Masks Off») es una potente crítica al polarización, al extremismo y al radicalismo en las redes sociales de internet, encarando el auge del supremacismo blanco que se ha quitado la máscara, con mención expresa al odio como parte de ese proceso que utiliza retorcidos y torticeros delirios de libertad.
«The Ballad of Big Balls» aborda con cierto sarcasmo la cultura de armas, con alusiones explícitas incluidas a la NRA (Asociación Nacional del Rifle): «Necesito un chaleco antibalas y unas buenas zapatillas para correr» o «El terror de uno es la defensa de otro» son algunos de los versos que se incluyen. También se cita el «Holy Golden Toad» como referencia metafórica o parodia a la figura de Donald Trump y a su Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) que fue impulsado por Elon Musk, o al «tecnobillonario Goblin», una especie de caricatura de los magnates de Silicon Valley. El futuro en manos de esos necios del valle californiano se plantea también en «Technopagans» y sus aires musicales de raíces del country.
«Todo debe morir, de nada sirve gritarle al cielo». Los caminos a tomar en la vida se dan cita en «Everything Must Die», una pieza que se aproxima más al pop de guitarras, igual que sucede en esa declaración de amor que es «Won’t You Come Out Tonight». El lado introspectivo del fracaso y el dolor tiene su presencia en «Meet the New Swamp» o en la bellísima «Siddhartha».
La vertiente de canciones protesta que podrían apuntar a himnos vuelve con «Domestic Error» o, sobre todo, en esa sarcástica «llamada a unirse al ICE donde podrás tener emociones fuertes, donde te darán un spray químico, disparar a mujeres en sus coches y derecho a inmunidad federal e impunidad para matar» que se halla en «Join ICE». Por su parte, en «Red» también hay un estribillo muy significativo: «cuando llegue la guerra todos nos daremos la mano, todos los bautistas y los católicos, todos los marxistas y los fascistas, cuando llegue la guerra nos pondremos de acuerdo, todo se verá mejor cuando finalmente conozcan al diablo».

Remata el disco una composición cargada de sentimiento como es «This And Not Some Other Way». En cierto modo, el título de esa melodía expresa el compromiso luchador de su autor, lleno de actitud, recogiendo la tradición de nombres como Woody Guthrie, Bob Dylan, Phil Ochs o John Prine que tanto hacen falta en momentos de confusión, indignación y fragmentación social. Aunque «Masks Off» me parece que tiene mayor expansión sonora respecto a sus trabajos anteriores, todavía creo que el gran disco de Welles está por llegar. Ya queda menos.
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