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Especial dedicado a Love And Rockets y a su segundo álbum ‘Express’, publicado el 15 de septiembre de 1986, con motivo de su 40 aniversario.

… resultan irresistibles sus capas guitarreras, envueltas en una especie de espiral constante de crescendos y decrescendos, de remolinos de distorsión y elementos acústicos, marcando un equilibrio con cierto enfoque filosófico e hinduista oriental, y al que podría considerarse como ejemplo precoz del rock alternativo de la década de los noventa…

Tal día como hoy, 15 de septiembre, se publicaba en 1986 la que considero como la más grande obra maestra de la saga post-Bauhaus tras la escisión en julio de 1983 de la legendaria y pionera banda británica de after-punk que, con su cruda experimentación guitarrera y rítmica, unida a una extravagante estética heredera de las películas de terror o del glam-rock de Bowie, significó el arranque de un estilo musical llamado «siniestro» que, cuatro décadas después, sigue sorprendiendo a propios y extraños por su vanguardismo sonoro.

Aquel cisma provocó que sus cuatro integrantes iniciasen proyectos musicales dispares que, actualmente, siguen siendo referentes claves en la calidad del mundillo musical de culto. De ese modo, si Peter Murphy unió fuerzas con el bajista Mick Karn de Japan en el dúo Dali’s Car antes de comenzar una exitosa carrera en solitario, Daniel Ash y Kevin Haskins iniciaron un proyecto experimental, oscuro y muy art-rock que se llamó Tones On Tail y que, de nuevo junto a David J, derivaría en un sonido más alternativo, accesible y psicodélico que denominaron Love And Rockets como evidente tributo en el nombre al mítico cómic californiano de subcultura punk.

love and rockets express

«Express» venía precedido del álbum «Seventh Dream of Teenage Heaven» (1985) que, todo sea dicho, nunca me pareció nada del otro mundo, así como también del explosivo single del clasicazo de la Motown «Ball of Confusion», el tema de soul psicodélico que llevaron al éxito The Temptations a principios de los setenta y en el que Ash y compañía introdujeron su batidora sónica particular para convertirlo, a mi gusto y criterio, en una de las versiones más alucinantes, peculiares y extraordinarias de la historia del rock, la cual se incorporaría en 2001 como bonus track de la reedición digital del disco que nos ocupa.

Las curiosas tonalidades de pop neopsicodélico alternativo se dejarían ver en los dos exitosos singles que se extrajeron, bailados hasta la saciedad en el circuito underground de la época, como fue el eslabón de la cadena de este viaje trascendental «Kundalini Express», o esa belleza en el ojo del huracán de «Yin and Yang (The Flowerpot Man)». Sus respectivas caras b también aparecerían en la antes mencionada reedición y remasterización, como la hipnótica «Angels And Devils», la irónicamente surrealista «Holiday On The Moon» o la versión del «Lucifer Sam» de Pink Floyd, así como dos rarezas experimentales llamadas «B Side #1» y «B Side #2».

A nivel general de todo el álbum, resultan irresistibles sus capas guitarreras, envueltas en una especie de espiral constante de crescendos y decrescendos, de remolinos de distorsión y elementos acústicos, marcando un equillibrio con cierto enfoque filosófico e hinduista oriental, y al que podría considerarse como ejemplo precoz del rock alternativo de la década de los noventa.

love and rockets express

La que destapó este organizado trayecto hacia el cielo, hacia el infierno o hacia ningún lugar fue la crepuscular «It Could Be Sunshine» que, con ese saxofón de Ash en la introducción antes de ejercer como vocalista y guitarrista, aparenta ser inofensiva para mutar con un cambio de ritmo combativo que dota a la melodía de innovadora grandeza. A partir de ese instante todo resulta enormemente arrebatador si se le presta una debida atención.

En «All In My Mind» que, por cierto, no sabría distinguir si es más exquisita la versión acústica también incluida, todo se vuelve onírico, cristalino y lisérgico, con un verso retorcidamente inquietante como el de que «la belleza puede ser algo meramente superficial». Esa misma superficialidad aparece en «Life in Laralay», reflexionando sobre la falsedad del sueño hoollywoodiense y de la industria que produce cultura, arte y diversión mediocre para el tiempo libre de las personas.

love and rockets express

Como lección vital de amor que lidia con las vanidades se erige una delicatessen como «Love Me» antes de cerrar con «American Dream», pura crítica a ese mundo que es fachada y que brilla entre el desencanto y el surrealismo de la vida moderna, una especie de himno sobre estados de ánimo donde participaron en los coros Alan Brookes, James Lowry y Robert Willey. Indudablemente un ideal colofón para un trabajo tan esotérico y espiritual como vital y escalofriantemente bello con el que debería existir unanimidad y no ser patrimonio exclusivo de minorías selectas.



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