Conciertos

Crónica del concierto de The Screamin’ Cheetah Wheelies en Sala Wagon de Madrid el 9 de octubre de 2026.

… rugido de motores guitarreros, base rítmica salpicada de contínuos fogonazos, un Mike Farris con una voz portentosa, chulesco, vacilón, entregado, pirómano agitador de masas roqueras ardientes…

El plan inicialmente consistía en acercarnos a ver el concierto de Teenage Fanclub en la sala Wagon de Madrid el 15 de este mes. Así se lo comuniqué a Peck, joven y ya maduro roquero en ejercicio. Su respuesta no dejó de sorprenderme, ofrecía como alternativa el asistir, en la misma sala, al bolo que The Screamin´Cheetah Wheelies iban a ofrecer una semana antes. ¿Por qué no?. Apenas tenía referencias de la banda americana y, para mayor atractivo, acababa de leer un interesante artículo sobre ellos en el número de Ruta 66 del pasado septiembre, así como también el especial sobre el 30 aniversario de Magnolia aquí en el Exile.

Conocidos estos antecedentes sucede que el escriba de esta breve reseña sufría de penosas alteraciones gástricas desde hacía semanas, contratiempo que le impide degustar cualquier brebaje que contenga el minimorum de porcentaje alcohólico. ¿Cómo enfrentarse, entonces, a un concierto de alta graduación roquera sin sostenerse siquiera con un botellín de cerveza, mínimo? Los prolegómenos del concierto se arreglaron con un par de aquarius de limón. Afortunadamente la compañía de buenos colegas -que amenizaron la espera con múltiples recuerdos y anécdotas de conciertos pasados- arreglaron tal desaguisado.

screamin cheetah wheelies sala wagon

Pero, ya una vez dentro del recinto, comienza el concierto y el escriba, algo desubicado (recuerden sus precarios conocimientos de la banda en cuestión) se encuentra ante la disyuntiva de qué bebida pedir. Ante la carencia del brebaje energético anterior opta por otro que tal pinta y que responde por el nombre comercial de Red-Bull. ¡Milagro, esto si que le pone a uno las pilas!. Sale como un fórmula 1 a la pista y se pone a disfrutar como Mars Verstappen en cualquier circuito de su gusto. Una cojera reciente (ya se percibirán los lectores que el escriba se encontraba en plena forma…) le impide bailar; no pasa nada… “mueve la cabeza, mueve el esternón, mueve la cadera siempre que tiene ocasión…”¡¡Yepaaa!!

Cae el segundo Red-Bull y el escriba, ya del todo puesto, se acerca un poquito al escenario y desde all toma numerosas fotos y graba un vídeo (no me pregunten el título de la canción…); vuelve sus pasos atrás y ante algún que otro colosal riff de guitarra coincide con la mirada de su compañero Peck, ambos asintiendo convencidísimos de la calidad innegable de lo escuchado, una jam dispersa entre los guitarristas siembra aromas de la mejor cosecha sureña, pero eso sucede ya casi al finalizar la segunda parte del concierto.

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Segunda parte, si, porque la primera está compuesta por  la representación al completo del “Magnolia”, según dicen disco épico de la banda de Nashville. 10 temas que, desde el mismo principio, van poniendo a mil por hora a los muchos asistentes al evento. Rugido de motores guitarreros, base rítmica salpicada de contínuos fogonazos, un Mike Farris con una voz portentosa, chulesco, vacilón, entregado, pirómano agitador de masas roqueras ardientes. 

Permitirán al articulista que, amparándose en la excusa de su desconocimiento previo de la banda, se limite a un copio y pego del set-list de la actuación. En la primera parte sonaron: “Backwoods Travelin´”, “Gypsy Lullaby”, “Hello From Venus”, “I Found Love”, “Magnolia”, “Good Time”, «Messenger’s Lament”, “Father Speaks”, “I Dreamed” y “You Are”, a cual mejor, créanme. En la segunda parte: “Shakin´The Blues”, siguieron 3 temas desconocidos para la plataforma que los publicita, y “Boogie King”. Como encore, dos temas, “Ride The Tide” y un último desconocido.

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En sus últimas palabras de Mike Farris agradeció emocionado a la ciudad de Madrid todo el apoyo que han propiciado a la banda durante las diferentes giras en las que han actuado aquí, agradecimiento que concreta en alguna persona en particular por su trato y permanente entrega.

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La banda al completo se abraza al pie del escenario, realiza la reverencia de rigor y entre saludos, apretones de manos y múltiples brazos y puños aún en alto, se despiden. La nave nodriza se desplaza lentamente desde la techumbre de la sala Wagon, extiende sus enormes tentáculos, ilumina con sus potentes focos el escenario y se dispone a succionar a los miembros de The Screamin´Cheetah Wheelies. Vean la última fotografía si aún lo ponen en duda.


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