Discos Críticas

«Y es que una vida no tiene explicación, es solo cambio constante pero siempre igual como este nuevo tratado sobre la condición humana de Bill Fay y como el ruido del mar. Es muy difícil de explicar y escribir sobre este tipo de epifanías»

La segunda etapa del genial compositor inglés Bill Fay, un músico que compite con el mar en el ranking de los sonidos más bellos que puedas escuchar, trajo al mundo este tercer bebé de su etapa, más que madura,  el pasado enero, justo antes de la infausta plaga.

Si ya Life is People (2012) – reseña pinchando en el título- y Return is the Sender (2015) fueron gigantes, con una pequeña predilección por el primero- le conocí gracias a las entusiastas recomendaciones de Jeff Tweedy (Wilco)-que por la época incorporaba al setlist de los chicagüenses el clásico Be Not So Fearful y también colaboró en la grabación del disco del bardo londinense-éste «Infinitas Ramas» es pura metafísica y desde la primera escucha uno de los hitos de eso que en esta casa llamamos «Bella Arruga»

Imposible describir con palabras lo que este disco puede cambiar tu vida, mejorarla o replantearla.

Como en la portada, en tu propia existencia hay un viejo tronco bien simple pero con miles de ramas retorcidas imposibles de enumerar. Imaginemos que te haces con un velo y un rosario aunque no creas un pimiento y vas dispuesto a entrar en una Iglesia a recogerte, te arrodillas en un reclinatorio lleno de polilla y te abstraes de la prisa del Mundo dispuesto a servir al mejor propósito de las canciones, aplicarlas a tu devenir, pensamientos, preocupaciones y anhelos…

Aquí está tu rosario y te aseguro que no te vas a dormir porque todas estas letanías tan obvias como cristianas (Bill es muy creyente) son tan haiku ( poemas brevísimos basados en el asombro y la emoción) que podían hacer comulgar por los pasillos laterales a Albert Camus, La Pasionaria o Freud.

Y todo con ese eco de piano de salón que viene desde la campiña y el viejo caserón georgiano que te hace comprobar sin querer que Bill Fay es uno de los grandes como Nick Drake, si como Nick Drake he dicho bien… pero casi nadie lo sabe.

Y sigues con los ojos cerrados y te maravillas con algo tan delicado y hermoso como How Long How Long donde una guitarra acústica y el dulce piano te hacen ver que estamos ante una de sus mejores canciones y quizás ante su mejor disco y mira que no sabe hacer uno malo pero tiene apenas media docena desde su espectacular y barroco debut de 1970.

Y aunque todas estas canciones las tienes en la edición doble en formato banda, en mi opinión funcionan así de franciscanas y la decisión de que así se hayan presentado es totalmente acertada.

Recuerdo la magia que desprendían las noches de encierro pandémico con canciones como I Will Remain Here sonando en los cascos mientras tratabas de entender lo inexplicable como si estuviéramos en un búnker aislados en nuestro pequeño piso interior.

Las caras de nuestro núcleo convivencial de tres en el silencio de los días, de los bizcochos con la poca harina que quedaba ( en los supermercados escaseaba) y lo que la experiencia nos estaba llenando de «wonder once again» Vuelta a lo básico, sentimientos a flor de piel, al bote salvavidas con lo necesario y entre todo Countless Branches.

El tiempo y que él transcurre, siempre te lleva a otro lugar pero el amor permanece donde  te lo has trabajado (a Time´s Going Somewhere le sigue Love Will Remain; vaya dos perlas, clásicos instantáneos del english songbook)

Y ese cierre y esa despedida escalofriante que es One Life:

One life

One life

Constantly changing

And beyond any kind of fathoming

One family the same

Changing constantly the same.

Y es que una vida no tiene explicación, es solo cambio constante pero siempre igual como este nuevo tratado sobre la condición humana de Bill Fay y como el ruido del mar. Es muy difícil de explicar y escribir sobre este tipo de epifanías. De hecho, le trato de hacer justicia un poco tarde antes de que acabe el año porque hasta hoy me daba un inmenso respeto decir unas cuantas bobadas sobre algo que hay que sentir escuchando, con el velo y la vela, dispuestos a comulgar por los pasillos laterales con este gospel de campiña que hace de propuestas como la de Nick Cave, con su piano como Mari Cruz Soriano, sea un aspirante Factor X a ser un nuevo Bill Fay.

Filled with wonder once again querido Bill.

Eskerrik asko.

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