Reseña y crítica sobre The Standby Connection y su álbum homónimo, publicado en 2026 a través del sello independiente No Aloha Records.
… todo el influjo de Yo La Tengo, Belle and Sebastian, The Clientele o, muy especialmente, de las ya míticas bandas de Dean Wareham como son Galaxie 500 o Luna…
La banda valenciana The Standby Connection, formada por Miguel M.Matallín (compositor, voz y guitarra) Paco Grande (bajo), Ramón Manzaneda (guitarra) y Jesús Saez (batería y voces), es una anomalía, un auténtico manjar para paladares refinados y para minorías muy selectas. Eso lo vengo diciendo desde hace bastantes años y me consta que no soy el único que opina de ese modo.
Mirando su trayectoria, resulta obvio pensar que estamos ante uno de los muchos combos que cabalgan en el carril alternativo de emergencia, ese que aporta bienestar y regeneración neuronal a los suficientes por talento y porque circulan entre el anonimato y la clandestinidad, ajenos a la maleza musical invasiva de festivales u otras aventuras enfocadas a la comercialidad extrema. Digamos que es una de esas bandas que van a su bola como tesorillo local para su círculo más inmediato y como patrimonio auditivo para aquellos intrépidos exploradores que, geográficamente, se hallan más alejados de la capital del Túria.

En su peculiar dosificación discográfica hay que remontarse a 2017 con «Ace Tone» como el álbum predecesor del homónimo que nos ocupa. Durante estos nueve años, aquellos que hemos estado atentos a sus movimientos no los hemos visto estáticos, empezando por su participación en «On fire 30 – A head full of wishes«, un tributo a Galaxie 500 en 2019 donde, entre otros, se daban cita nombres como Britta Phillips (esposa de Dean Wareham), Llum (el proyecto paralelo del aquí batería Jesús) o Islandia Nunca Quema (la banda donde es miembro Jordi Ximeno, el incansable jefazo del muy recomendable sello No Aloha Records).
A partir de ahí podemos entender vínculos y conexiones. Con el mencionado sello independiente estuvieron presentes en «We are never alone», un tributo de 2020 a las canciones de Vic Chesnutt y, desde entonces, se les ha visto en homenajes a Lou Reed o como teloneros de lujo de nombres como Luna, The Lovely Basement, Cracker…

Algunos de los temas incluidos en el flamante nuevo disco los fuimos conociendo como adelantos en singles digitales que llevaban consigo regalitos suculentos que no han sido incluidos en el álbum. Entre esas joyitas ocultas, a modo de tradición «rara», se hallan el instrumental «Train to Leiden» o versiones del «Leave Me Alone» de New Order, «Starfire» de Low o «Pale Blue Eyes» de The Velvet Underground.
Además, todos ellos con atractivas portadas a partir de imágenes muy urbanas del fotógrafo Juan Pardo en edificios modernos y emblemáticos, igual que la del álbum, con la arquitectura futurista de la legendaria gasolinera en la localidad valenciana de Oliva y con diseño posterior de Marc Volpini.
Esas primeras avanzadillas se iniciaron con «Day One» y «MB«, que poseían todo el influjo de Yo La Tengo, Belle and Sebastian, The Clientele o, muy especialmente, de las ya míticas bandas de Dean Wareham como son Galaxie 500 o Luna. A tener en cuenta que la mencionada segunda composición de Matallín estaba inspirada en recuerdos con el productor y técnico de sonido Matthew Barnhart, que colaboró con la banda embrión Polar. Además, en el tema participa Dean como tercera guitarra y Britta en los coros.
Punto y aparte merece «Make Up«, mi favorita del disco esta preciosa composición repleta de sencillez, de entusiasmo vital y brillantemente adornada con ese efecto de guitarra tan wah wah a cargo de Ramón. Otra gozada que nos ilusionó fue la invitación a huir por California, de título «We Can Hide In LA».
Poco antes de la publicación del álbum nos llenó de luminosidad «2024«, una especie de solsticio de verano que describe las circunstancias impredecibles que impactan y marcan nuestro destino con un impecable trasfondo velvetiano en su melodía, y «Dreams«, un temazo que describe el miedo a que todo se vuelva real, acaso porque las mayores sensaciones de felicidad se hallan en los sueños, en los anhelos y fantasías como refugio de la imaginación donde no existen límites, temores o fracasos.
Y ahora, junto a todas ellas, hemos descubierto «Visions», sobre el aislamiento social o la desconexión ambiental como estados de ánimo porque fuera nada parece que exista para sentir emoción, y «Pats On The Back», otro ejercicio de velvetismo melódico aplicado, con ese registro vocal bastante diferente y más agudo de Miguel Matallín y con ese crescendo que, a buen seguro, habría sido bendecido por el tito Lou.
En la recta final, exquisiteces como «Last Chance» y las dos piezas más dolorosas, «End of the Summer», donde se congela el tiempo, donde todo es gris, y «My Friends», con esos amigos que no te entienden y su fabulosa explosión guitarrera que nos deja con la sensación de que pocos, muy pocos son y serán los discos desde Pirineos a Algeciras tan mágicos, compactos y homogéneos en 2026 como el de The Standby Connection.
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