Especial dedicado a Steve Earle y a su álbum ‘I Feel Alright’, publicado el 5 de marzo de 1996, con motivo de su 30 aniversario.
… un disco lleno de grandes canciones donde habla de una forma visceral sobre sus problemas personales y también plantea su esperanza ante un futuro en el que, libre de las ataduras del pasado, pueda ser dueño de su propio destino…
Se cumplen 30 años desde la publicación de uno de los mejores discos de la carrera de Steve Earle. I Feel Alright es un disco donde el autor se vacía interiormente con unas letras muy personales en las que habla sin tapujos de su vida y sus problemas, y donde el reconocimiento de sus errores le lleva a una catarsis que cambiará su obra a partir de entonces. Convirtiendo a la superestrella de la música country hedonista y disoluta, en un cantautor mucho más profundo y personal en sus letras. Y sobre todo mucho más activo en temas políticos y de reivindicaciones sociales.
En los Estados Unidos siempre se ha tenido un reconocimiento especial con las estrellas caídas en desgracia que son capaces de reponerse de los problemas y resurgir de sus cenizas. Quizás por eso, este fue el disco exitoso, que apoyado por toda la industria musical, supuso el retorno de Steve Earle al olimpo de la música Country y Rock, después de sus graves problemas de adicciones y su estancia en la cárcel. Unos años más tarde le darían la patada y la espalda nuevamente, pero ya sería por sus posicionamientos políticos y su activismo social.

Stephen Fain Earle nació en la base militar de Fort Monroe, Virginia, en 1955. Con 13 años asistió a un concierto de Lynyrd Skynyrd en el que consiguió cruzar unas palabras con Ronnie Van Zant, que le regaló su collar y le animó a seguir su ejemplo, y a convertirse algún día en una estrella del Rock. A partir de ese día el joven Earle se dedicó con todas sus fuerzas a hacer realidad su sueño.
Su carrera comenzó de forma fulgurante. Era muy joven cuando comenzó a componer y a interpretar sus canciones, siempre mirándose en el espejo de outlaws de la música de raíces norteamericana como Hank Williams, Guy Clark y sobretodo Townes Van Zant, que lo apadrinó y le ayudó a labrarse una gran reputación en la escena musical, actuando sin parar por todo el país. Cuando se publicó su primer disco ya era un músico muy conocido, y se codeaba con cantantes de la talla de Emmylou Harris, Nanci Griffith o una joven Lucinda Williams. En 1986 debutó discográficamente con Guitar Town, al que siguieron Exit O al año siguiente y Copperhead Road en 1988. Y su fama explotó.

En la tradicional escena de Nashville fue encumbrado como uno de los jóvenes con más talento, y su carrera se disparó, disco a disco, cada vez con mayores ventas y conciertos en recintos más grandes. Pero con el éxito, la fama y el dinero, su vida personal se fue desmoronando, debido a sus adicciones y a sus relaciones fallidas, se ha casado 7 veces.
Cuando publicó su disco The Hard Way (1990), sus problemas con las drogas se hicieron muy evidentes. Entró en una espiral autodestructiva que motivó su arresto y posterior condena a prisión, donde pasó un año y medio, entre 1993 y 1994. Su estancia en la cárcel le hizo replantearse la vida, le sirvió para salir como un hombre limpio de drogas, y le agudizó la mirada sobre su vida personal, los problemas del mundo en general, y de la sociedad norteamericana en particular.
En 1995 publicó en solitario y en formato acústico un bonito disco llamadoTrain a Comin’. El siguiente ya sería con banda. I Feel Alright se publicó el 5 de Marzo de 1996, y es un disco lleno de grandes canciones donde habla de una forma visceral sobre sus problemas personales y también plantea su esperanza ante un futuro en el que, libre de las ataduras del pasado, pueda ser dueño de su propio destino.
Fue producido por Ray Kennedy y Richard Bennett, y se grabó en el estudio Room & Board de Nashville. Ray Kennedy y Richard Bennett se ocuparon de las guitarras junto al propio Steve, del bajo Kelley Looney, Garry Tallent, Roy Huskey jr, y Ric Kipp, de la batería Custer, Greg Morrow y Rick Schell, de los teclados Ken Moore y Richard Bennett, y también participaron distintos percusionistas, una pequeña sección de cuerdas y Custer & Logan y The Fairfield Four a los coros.
Se abre con toda una declaración de intenciones. En I Feel Alright nos dice que no hay que tener complejo de culpa por tus errores del pasado, y que no hay que sentirse mal por sentirse bien. No esconde sus problemas y su estancia en prisión, pero los toma como una forma de darse impulso para el futuro. Se reivindica como el último en la tradición de los trovadores Hardcore, en la reivindicativa Hard-core troubadour, con guiño al tema Rosalita de Bruce Springsteen.
En More Than I Can Do nos cuenta que quiere aferrarse a una relación con alguien que no le perdona sus problemas del pasado, y a la que sabe que tiene que dejar marchar. Hurtin’ me, hurtin’ you es una canción en la que pide perdón a su pareja por su mal comportamiento en el pasado. En Now she’s Gone se lame las heridas cuando nos dice que una chica salvaje y libre le ha dejado con el corazón roto.
En Poor Boy nos cuenta como un chico pobre solo puede aspirar a conquistar a una chica con sinceridad y amor incondicional. Y cuando el chico pobre lo consigue, todos los días son el día de San Valentín, Valentine’s Day. Asume la responsabilidad por sus malas acciones en The Unrepentant.
Cocaine Can Not Kill My Pain es una de las canciones sobre la adicción a las drogas más sinceras y dolorosas que se han escrito, es un temazo brutal en el que su voz rota y su guitarra suenan más sinceras que nunca. Billy and Bonnie es una canción sobre una locura de amor y una traición. En South Nashville Blues nos cuenta esos dolorosos momentos en los que sabía que se equivocaba, que iba por el mal camino, pero no lo podía evitar, y que eso podría haberle llevado a la cárcel otra vez.
El disco se cierra con un precioso dueto con su amiga Lucinda Williams, You’re Still Standin’ There. Un tema en la larga tradición de duetos en los discos de Country. Steve Earle le devolvería el favor dos años después ayudando en la grabación de la obra maestra de Lucinda, Car Wheels On a Gravel Road (1998).

Después de la gran acogida que tuvo el disco, su carrera siguió en línea ascendente con joyas como El Corazón (1998), que fue su último trabajo con una multinacional. The Mountain (1999) ya se publicó con su propio sello, E-squared Records. A partir de entonces sus letras se fueron haciendo cada vez más políticas, algo evidente en discos como Transcendental Blues (2000), Jerusalem (2002) o The Revolution Starts Now (2004), a la vez que los halagos generalizados y las críticas positivas iban cambiando poco a poco, conforme incluía en su repertorio temas de contenido abiertamente comprometido.
Steve Earle siempre se mostró muy crítico ante temas como la pena de muerte (Billy Austin, Over Yonder, Ellis Unit One), las guerras e intervenciones militares de su país en el extranjero (Rich Man’s War, Conspiracy Theory), la pésima calidad del sistema de salud norteamericano o la política económica y social de las administraciones de los Bush (Condi, Condi o F the CC). Y por supuesto ha continuado luchando contra gentuza como Donald Trump.
Toda esta controversia tuvo su máximo apogeo con la publicación del disco Jerusalem, y se centró mucho en el tema John Walker’s Blues. Su cuestionamiento sobre la administración americana en Oriente Medio, y sobre qué podía motivar a un chico que había crecido en una sociedad consumista, con el espejo del sueño americano, para convertirse al Islam y radicalizarse hasta el punto de marchar a Afganistán para combatir a sus compatriotas, escoció mucho en la tradicional escena de Nashville.
La crítica y el cuestionamiento que se planteaban en el disco no fueron bien recibidas por el público, que azuzado por una brutal campaña mediática en su contra, le fue abandonando de forma mayoritaria, obligándole a reconducir su carrera, a reducir sus aforos, a girar mucho más por el extranjero, e incluso a mudarse a la cosmopolita New York.
En estos tiempos que corren ser una persona íntegra y sincera, que hable sin tapujos ni ambigüedades sobre los temas que le preocupan, y ser capaz de desnudar el alma sin adornos ni artificios no parece estar muy de moda. La carrera de Steve Earle ha pasado por todas las etapas posibles y hace muchos años que estar de moda es la menor de sus preocupaciones. Ha superado el éxito, el fracaso, las adicciones e incluso la pérdida temprana de su hijo Justin Townes Earle. Es un superviviente que continúa haciendo las canciones que le da la gana, y no las que se esperan de alguien como él.
En los últimos años ha participado como actor en películas y en series maravillosas como The Wire o Treme, además de haber publicado novelas y relatos más que recomendables como Doghouse Roses o I’ll Never Get Out Of This World Alive, que han sido traducidas al castellano. Es un tipo inquieto y valiente, que pelea cada día por ofrecernos buena música y darnos algo en lo que pensar. Esperemos que siga haciéndolo muchos años.
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