Marc Valentine fabrica en media hora un disco repleto de vitaminas, luz y melodías contagiosas.
Textura eléctrica gracias a unas guitarras radiantes y luminosas, teclas inflamables, melodías pluscuamperfectas y estribillos contagiosos y adictivos.
Conocido por liderar durante años a la banda de culto Last Great Dreamers, Marc Valentine acaba de lanzar su tercer álbum en solitario titulado «Uncommon side effects», grabado en los estudios Wicked Cool Records, propiedad del guitarrista de Bruce Springsteen, Steven Van Zandt.
Para los que no estén al día de la temática sobre la que actúa la música de Valentine, diremos que ha sido saludado como el máximo exponente del Power Pop británico de los últimos lustros, y aunque un servidor no es dado a tales grandiosidades, la verdad es que la escucha de su histórico musical no juega en contra de ese apelativo y este último álbum, menos aún.

Power Pop decíamos y lo es, de manual, con todos los ingredientes del género. Se inclina levemente y en ocasiones contadas hacia un punk de poca carga nihilista o, de manera más profusa, hacia un pop glam de espíritu High School.
Referentes que le sitúen hay, y no pocos: Desde los californianos Redd Kross, hasta los italianos Radio Days o el también norteamericano Kurt Baker.
Textura eléctrica gracias a unas guitarras radiantes y luminosas, teclas inflamables, melodías pluscuamperfectas y estribillos contagiosos y adictivos. Diez canciones, diez pelotazos juguetones, vigorosos y efectistas, diez temas en menos de media hora, apunten a los adjetivos expuestos el de urgente, y tendrán la disección completa de lo que escuchamos en «Uncommon side effects».
Si gustan de estos entornos sónicos, disfrutarán del disco y no se podrán resistir a temas repletos de endorfinas como «High in the underground», «You are the jet» o la pieza que hizo las veces de primer single y abre el disco: «NY UAP».
«Loneliest part» es ligera y aparentemente inocente, plena de encanto; por otra parte, «Tiger on glass» tiene más furia punk disuelta en juveniles armonías vocales. Así mismo, «Hanging on a dream» mira a un romanticismo candoroso y adorable; «Half-Moon pendant» es una tierna balada desprovista de rugido eléctrico y «Temporary buzz» es veloz y febril como un coche camino del precipicio.
«Uncommon side effects» es un feliz recorrido por los sonidos brillantes y cristalinos de guitarras y el empuje optimista de la juventud e insinúa una urgencia necesaria de vivir y bailar. Por todo ello, desde las páginas del Exile, me permito sugerirles este paseo a la luz, la desidia existencial y la inocencia.
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