Discos Críticas

Reseña y crítica sobre Jack White y el álbum ‘Frozen Charlotte’, publicado en 2026.

… una calavera azul encima del traje blanco, que proporciona mayor concepto al gélido y furioso contenido de este álbum que, tanto por texto como por ritmo y sonoridad, parece como si las enseñanzas de Robert Plant y Jimmy Page, unidas a las del blues-rock de Cream, se hubieran cruzado con el caos de Jon Spencer en dirección hacia el post punk industrial de Killing Joke, en una sobredosis explosiva de rabia y distorsión…

Cual si fuera un íncipit de leyenda, el icónico genio de Detroit arranca su séptimo álbum de estudio en solitario con una especie de metáfora espiritual y bíblica tan excepcional como demoledora: «Bienvenidos al Jardín del Edén, aquí no hay nadie más que tú y yo».

Sí, es «G.O.D. and The Broken Ribs», la invitación a comer el fruto del árbol de un destino que podría representar la capacidad de discernir lo correcto y lo incorrecto, el conocimiento de las consecuencias y el desafío al orden establecido.

Esa especie de extravagante y disparatado poder extraordinario donde la música parece la fruta prohibida fue la primera avanzadilla previa junto a «Derecho Demonico», otro tornado guitarrero que, a modo de prueba directa, acaso dirigida contra autócratas como Trump por el control del relato capitalista, va transformando el muy presente legado histórico rocanrolero de Led Zeppelin en este artefacto discográfico. Después llegaría el anuncio del álbum con el adelanto “Dollar Bill”, y aquello fue como un método para deconstruir el blues y ahondar en el dilema del poder social del dinero.

En un tono conceptual entre leyendas, mitos, fábulas y cuentos tradicionales, adquiere especial relevancia un título tan elocuente como «Frozen Charlotte», la trágica y macabra historia del poema de mediados del siglo XIX que escribió Elizabeth Oakes Smith, basado en la noticia de una vanidosa joven de New York que, durante una Nochebuena, murió congelada en un trineo por negarse a cubrir su hermoso vestido con un abrigo para que pudiera ser admirada, la que también dio pie a la balada tradicional de folk norteamericano «Fair Charlotte» («Young Charlotte» por Pete Seeger) o a las populares muñecas victorianas de porcelana que se ponían como amuletos sorpresa en los pasteles navideños.

Además está la portada, inspirada en una figurita antigua de feria que se rompió la cabeza al caer y que fue sustituida por una calavera azul encima del traje blanco, que proporciona mayor concepto al gélido y furioso contenido de este álbum que, tanto por texto como por ritmo y sonoridad, parece como si las enseñanzas de Robert Plant y Jimmy Page, unidas a las del blues-rock de Cream, se hubieran cruzado con el caos de Jon Spencer en dirección hacia el post punk industrial de Killing Joke, en una sobredosis explosiva de rabia y distorsión.

Jack White - Frozen Charlotte (2026)

Junto a su banda habitual en directo, como son Patrick Keeler (batería), Dominic Davis (bajo) y Bobby Emmet (teclados), Jack White alcanza niveles prodigiosos que van mucho más allá del anterior y también muy recomendable álbum «No Name» de 2024, y al que considero supera con creces.

Por ejemplo, «There’s Nobody There» y su riff guitarrero incendiario inicial, nos puede evocar a Jimi Hendrix o Jeff Beck, explorando temas como el aislamiento o la vulnerabilidad, acaso por una ruptura. «You’ll Never Fix Me», «All Alone Again» o «She’s in a Frenzy», entre sentimientos de desorden y desequilibrio personal, siguen la dureza sónica del hard rock y sus letras también parece que pudieran estar inspiradas en el reciente divorcio con su tercera mujer Olivia Jean, algo que también se da en “I Can’t Believe What I’m Hearing”, aunque aquí la frustración o confusión circulan mayormente en un rock psicodélico abrasivo.

Jack White - Frozen Charlotte (2026)

Mención aparte para la inquietante “Raising the Grain” que, entre reverberaciones infernales y cierto protagonismo del órgano, parece visitar las catacumbas más recónditas del rock. Por su parte, en «Nobody Knows», uno de los temas con mayor aire zeppeliano, reflexiona sobre las grandes incógnitas del universo y los límites del conocimiento humano, cuestionando el ego o a grandes pensadores de la historia como Isaac Newton, Albert Einstein o Pitágoras. Ahí queda la pregunta: «¿Son los homo sapiens los extraterrestres del futuro?«.

Más material ardiente y perturbador. «Thick as Thieves» describe la lealtad y la complicidad en la intimidad de las personas, algo similar a «Making Contact», aunque en ella se aborda más la actualidad de la era digital, de la desinformación, del negacionismo, de la fabricación de mentiras, de la constante hiperconectividad, de la locura de las pantallas móviles o de la necesidad de volver al contacto humano y físico.

Jack White - Frozen Charlotte (2026)

Para rematar, «Neighbour Blues», donde la guitarra de White parece como si se elevase hasta el más allá, como si lograse dominar a la intolerancia y al egoísmo, cual si el blues más crudo fuera la salvación.

A gran volumen este álbum es absolutamente cautivador y absorbente, hagan la prueba quien no me crea. El azul eléctrico y de la calavera acaban reinando desde lo más alto. Creo que pasará a la historia como el mejor disco de White en solitario. Tiempo al tiempo.


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