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«Si tienes la paciencia y la suerte de emplearte a fondo en su duración total, te aseguro que esta colección de Kevin Morby te hará un poco mejor persona en un año en el que es tan necesario»
Por Joserra Rodrigo
Recuerdo con añoranza de nueve meses largos los buenos conciertos en nuestra entrañable Kutxa Beltza y en el escenario principal del Kafe Antzokia de Bilbao, a esos a los que acude la parroquia de siempre y que no superan un aforo de 150 personas siendo generosos. 
La pandemia nos ha privado del supremo placer de sentir en el diafragma la creación de los nuevos artistas. Uno de esos conciertos que dejaron enorme poso fue el del señor Kevin Morby con su banda, hace exactamente cuatro años. Realmente resultó escuchar a un príncipe con un repertorio repleto de clasicismo y elegancia. (en presencia-la ropa y la melena rubia al viento-me recordó a Elliott Murphy)
Es cierto que tiene mucha competencia porque este modelo de songwriter prolifera y ahí está Bill Callahan para corroborarlo, Steve Gunn o Jerry David DeCicca para hablar ya del nuevo renacimiento de ese género de herederos de Cohen y Dylan, de Kevin Ayers y Lou Reed o de Joni Mitchell como pasa en chica con la inmensa Laura Marling. La verdad es que los/las hay a patadas y de mucha calidad. El escribiente se declara fan absoluto de estas sagas, es como una especialidad muy trabajada por haber empezado a los 12 años con Dylan y Young.
La caracteristica intrinseca de Morby es su delicadeza por eso disfruto con mucho gozo las canciones de la que hasta ahora era su obra más genial, la cual presentó en ese pase mencionado, Singing Saw (2016) ya que los posteriores trabajos, que hicieron que le conociera más gente, no me llegaron tanto: City Music ( 2017) y Oh My God (2019). El primero por ser un homenaje demasiado claro a Lou Reed y por llegar demasiado pronto y precipitado y el segundo por ser más de lo mismo, lo cual no significa que sean discos mediocres sino todo lo contrario y dentro de ellos se encuentran tesoros (Pearly Gates del City Music me viene al corazón)  
Quizás fue por empacho pero lo cierto es que ni siquiera me los compré cuando yo siempre soy fiel a pasar por caja con los artistas que me emocionan. Suelo ser reticente a esos artistas que sacan disco al año porque o eres Daniel Romano (carcajada modo on) o es tarea bien difícil que haya tiempo suficiente para encandilar con tanta edición. Para eso el aislamiento social ha sido importante, para escuchar la música de manera individual con calma y no precipitarse.
Este disco nuevo y ya nos centramos de una vez en él, supone, en mi opinión, una vuelta a su estilo más personal, el del autor de maravillas como Harlem River.
Punto a favor es que son 10 canciones, mayor selección ya que los anteriores se hacían un poco largos.
Valley ya nos resulta reconocible y ahora el deje es más nasal y con finales más dylaneros. Te atrapa en con esos sencillos tejidos de guitarra matemática entre estrofas que nos encantaron en el directo.
Cohen es la referencia siempre para Kevin y Brother, Sister parece compuesta en Hydra con un porom pom pom encantador. Ese minimalismo de Bill Callahan pero una pizca más melódico.
Como tercer número tenemos quizás su mejor canción hasta la fecha, una auténtica perla que si no fuera por Key West de Bob Dylan la votaba como canción más estremecedora de 2020. Hablamos de la que le da título, Sundowner, canción hermosa que me da escalofríos cada vez que la escucho y que tiene una composición de lanas puras 50% Dylan/50% Cohen aunque a uno le recuerda también a otro Kevin, el apellidado Ayers y no me preguntéis por qué.
Realmente ésta sublime composición e interpretación ya te está diciendo que estamos ante un disco especial que puede que represente su cota más alta como compositor.
Y en otro orden de cosas  la canción de marras me ha servido para describirme a mi mismo: lo del término sundowner mola mucho. El club de adictos a la luz de la puesta del sol.
Oh, I went to the market but the market was closed
Sign on the window said, «The hours devour us»
So I went to the river and it said, «Come here, let me whisper in your ear»
And it pulled me under
So I went to the Lord but the Lord said
«No, you’re not welcome here anymore»
So I went to the sky but the sky was closed
Said, «I don’t know where I’m gonna go
I am a wandering soul, through the back of what I know»
I am a sundowner
Please
Don’t let the sun go down on me

¿No es una magnífica mezcla de la escritura de New Morning y el Songs of Love & Hate + el Five Leaves Left? No es poco listo el amigo Kevin. 

Campfire con su figura guitarrera fina a la Tom Verlaine suave es igual de cautivadora para luego descubrirnos en el mini-arrebato lo-fi que es Wander que Kevin también sabe cantar rabioso.
Las cuerdas de nylon son las únicas que visten el primer minuto de la hermosa plegaria Don´t Understimate Midwest American Sun y luego casi en modo demo con una caja de ritmos nos moja de felicidad y despereza en la mañana americana. Una gozada, domina el arte de arrullar. Ese pianito final de cajita de música…
La última parte de este estupendo trabajo sigue el mismo patrón sin absolutamente ninguna estridencia: A Night At The Little Los Angeles, Jamie y Provisions con un instrumental intermedio como esos que Van Morrison solía incluir en sus discos de los ochenta llamado Velvet Highway.
Narcotizarte para bien o aburrirte como una ostra dependerá de tu cultura musical, de tu querencia a esa escuela de hacer canciones, de tu paciencia y estado de ansiedad. Solo os puedo decir que éste Sundowner es una experiencia para disfrutar de seguido, no de canciones aisladas. Si tienes la paciencia y la suerte de emplearte a fondo en su duración total, te aseguro que esta colección de Kevin Morby te hará un poco mejor persona en un año en el que es tan necesario. El tejano ha compuesto uno de los mejores discos de 2020 y una de las canciones no del año sino eternas que puedes disfrutar en el vídeo de abajo.

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