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Especial sobre ‘Magic and loss’, el álbum que publicó Lou Reed en 1992 y que ha cumplido tres décadas.

…la desolación, el dolor, la magia, el afecto, la amistad, la delgada línea entre la vida y la muerte hacen acto de presencia en una conmovedora obra que contiene tanta belleza como angustia…

Hoy 14 de enero de 2022 se cumplen 30 años desde que vio la luz “Magic and loss”, la que considero última obra maestra y gran joya oculta e infravalorada del padre del rock alternativo y yonqui del rock and roll. 

Fue un álbum que quien suscribe lo vivió en presente, que me marcó enormemente tanto en el período más próximo a su lanzamiento como posteriormente, hasta el punto de haberse convertido en una de las compañías más frecuentes de toda la discografia de Tito Lou. De hecho lo tuve en todos los formatos, hasta incluso en cinta de casete (o cassette, que siempre suena más moderno respecto a ese modelo de grabación de sonido que ahora parece del Pleistoceno).

Recuerdo ahora que, durante el fatídico 27 de octubre de 2013 —parece que fue el otro día y ya han pasado casi nueve años—, tras hacerse público el fallecimiento de Lewis Allen Reed, conocido popularmente como Lou Reed, tuve una desmesurada necesidad de volver a ella, a la masterpiece que, junto al “Closer” de Joy Division, siempre había tenido en el mayor pedestal de misticismo, transcendentalismo y existencialismo más emocional. Años antes habían caído algunos héroes —Lux Interior, Willy DeVille…—,  pero el impacto del final terrenal del Grandmaster neoyorkino lograba más que nunca la aceptación de la transitoriedad, de la fugacidad de la vida. 

Aquellos instantes previos a mi íntimo y particular tributo de despedida comenzaron con “Berlín”, otra obra que podría sumarse a mi tripleta de profundidades cósmicas y espirituales, pero tras rodar “Lady day” el pensamiento pidió la magia que hablaba de pérdidas humanas cercanas, parecía más idónea, más adecuada. No recuerdo ahora dónde ni cuándo leí una entrevista en la que decía algo referente a que un escritor de canciones también debe hallar el momento para enfrentarse al tema de la muerte, y a él le había llegado el momento con “Magic and Loss”

Magic and loss, el álbum que publicó Lou Reed en 1992

El número 16 de la discografía de Lou Reed en aquel 1992 venía precedido de espléndidas críticas tanto con “New York” (1989) como con “Songs for Drella” (1990) junto a su antiguo compi velvetiano John Cale, una trilogía donde imperaba el concepto de álbum, la calidad, el talento y la recuperación de su figura en unos años en que el rock parecía que iba a ocupar otra vez un espacio determinante en la sociedad y en las fronteras del mainstream. 

Esa conceptualidad, esa homogeneidad, se percibía nítidamente en el sereno discurrir de todas las composiciones, incluidas las que también fueron acreditadas junto al guitarrista Mike Rathke. Indudablemente la aflicción y el dolor por la pérdida de amigos como Doc Pomus o una desconocida Rita determinaría el punto de inflexión hacia la enfermedad del cáncer que, en la mayoría de disciplinas artísticas, es tratada de puntillas, muy sutilmente, acaso por tratarse de un tema que, por motivos sociales dispares que parten del temor, la preocupación, la inquietud o la superstición, atrae escasamente al lector/oyente/espectador.

En esos límites, en esos márgenes, en esos ángulos deambula un álbum cuyo inicio con el espiritual instrumental “Dorita” ya permite presagiar que se avecina un trabajo peculiar y diferente, exhibiendo notas de surrealismo en un “What’s good” que, aunque carecía de cualidades para ser un single comercial, fue la elegida, la que sirvió de preámbulo y, por ende, la que acabó convirtiéndose en su melodía más célebre, con versos demoledores como los de que “la vida siempre está lidiando con el dolor” o “de qué te sirve una enfermedad que no te duela”, rematando con una sentencia que todos sabemos aunque la evitemos, la de que la vida es buena pero no es justa. 

Entre alegorías y figuras metafóricas circula la avaricia, la codicia, el anhelo de poder en un “Power and glory” donde la experiencia confirma que cualquiera es susceptible a la destrucción de sus tejidos orgánicos, al desafío de la radiación, y que adquiere una dimensión estratosférica con la aportación vocal del cantante de jazz y rhythm&blues Little Jimmy Scott.    

La charla con el doctor de alguien que no es creyente, la necesidad de un milagro, la liberación del cuerpo que duele… “Magician” es de unas profundidades abismales tales que resulta escalofriante y sobrecogedora. Todo se hunde, las pruebas de un nuevo tratamiento, otra vez la maldita radiación… y mi favorita del disco, esa “Sword of Damocles” que se ubica justo encima de tu cabeza, la que confirma que solamente genios como Lou Reed están capacitados para llegar hasta ahí, hasta incluso a ese verso final tan aniquilador de que odias toda esta mierda mística. 

Los amigos, los familiares… Algunos lloran en la “Goodby mass” con alusión al humo que te convertirás. Hay más lágrimas en “Cremation” donde aparece la gran pregunta de si flotarán las cenizas o se hundirán para siempre en el fondo del mar. 

El rock más alternativo sigue su cauce. Los ojos se cierran en “Dreamin” y la imaginación se desborda: ves su cara pero no sabes si estás drogado o soñando. Y “No chance”, sin oportunidad de decir adiós, sin método existencial exacto porque nadie sabe quién es el elegido, el siguiente para irse o para quedarse.

Mención aparte merece “Warrior king”, la pieza más rocanrolera, donde Lou se crece con respuestas. “Si la lógica todavía no te ha convencido siempre te quedará saber que soy más grande, más fuerte e inteligente, pero también amable y sensible. Podría aplastarte pero no lo haré, estoy por encima de tus burlas y de tu sucia lengua.” 

Magic and loss, el álbum que publicó Lou Reed en 1992

En la recta final “Harry’s circumcision” resulta durísima, posiblemente la más estremecedora, con el intento de suicidio, con el médico que le salvó la vida, con el dolor y con la última decepción. Después, en “Gassed and stoked” las cenizas están esparcidas, ya no hay tumba ni lápida que visitar. No, no hay que esperar a que la suerte o el azar te salve viene a decir en el tema que da título al álbum, el del retorno, el de la entrada al bucle. 

En ese regreso es cuando definitivamente el oyente puede captar lo directo y emocional que podía llegar a ser Lou Reed y cómo llegó a reinventarse explorando las profundidades del ser humano. “Magic and loss” sigue siendo un ejercicio de instrospección personal prodigioso, un milagro musical arrebatador para aislarse y desconectar aunque no sea reconocido en su justa medida. La desolación, el dolor, la magia, el afecto, la amistad, la delgada línea entre la vida y la muerte hacen acto de presencia en una conmovedora obra que contiene tanta belleza como angustia, y que nunca será apta para todos los públicos.


3 comentarios

  1. Tremendo texto de lo más hondo del alma my friend. Y un otoño devastador también para mí.
    Lo tengo gravado en una larga cicatriz en mi pierna, como bien sabes.

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