Discos Críticas

Reseña y crítica de ‘The Twang Machine’, el álbum del trío anglo-japonés The Routes.

un álbum imaginativo, incluso podríamos definirlo como transgresor, al cruzar líneas sonoras que aparentan remotas, amasando el krautrock de los fabulosos Kraftwerk y transformándolo en un peculiar elenco de surf instrumental con ráfagas de garage psicodélico y western…

Todavía están calientes, sonando y resonando los tres excelentes trabajos del trío anglo-nipón de Oita (Japón) que lanzaron en 2021, dos de los cuales nos recomendó brillantemente nuestro estimado redactor Jorge García aquí en el Exile, como fueron el más pantanoso y garagero «Mesmerised» (reseña aquí ⇘), y ese lote de instrumentales que parecían extraídas de alguna peli de serie B, con título «Shake Five» (reseña aquí ⇘).

Si no tuvimos bastante con ese interesante material de The Routes, el prolífico combo que encabeza Chris Jack ha lanzado en este 2022 un álbum imaginativo, incluso podríamos definirlo como transgresor, al cruzar líneas sonoras que aparentan remotas, amasando el krautrock de los fabulosos Kraftwerk y transformándolo en un peculiar elenco de surf instrumental con ráfagas de garage psicodélico y western, y con nítidas influencias de The Ventures, The Shadows o Ennio Morricone.

The Routes. The Twang Machine

A pesar de ese espíritu sixtie que no deja de latir a lo largo de los diez cortes que lo componen, todo es un homenaje al legendario cuarteto de electrónica que, durante 1970 y en Düsseldorf, fundaron Ralf Hütter y Florian Schneider. Ello se constata tanto en el título como en la portada —dos claros guiños al histórico álbum «The Man Machine—, o en la mayor cantidad de piezas incluidas de ese disco del 78, como «The Model», «The Robots» y «Neon Lights».

Salvo ‘Autobahn’ y «Radioactivity» —que bordan y engrandecen, si cabe más, a esas seminales y pioneras piezas de electro-funk, ambient y synth pop del 74 y 75 respectivamente—, el resto del tributo pone los focos en el período de calidad más accesible y comercial de los alemanes, incluidas las mentadas en el anterior párrafo o las del ‘Trans-Europe Express’, donde parece que la canción que daba título a esa SuperPOM del 77 verse aquí sobre un ferrocarril que está atravesando un árido desierto, o donde los maniquíes de «Showroom dummies» no hayan cruzado una sala de espejos sino más bien sean espejismos, ilusiones ópticas en territorios donde el sol azota sin piedad.

Del visionario mundo de computadoras, que alcanzó el éxito masivo en 1981, realizan las que me parecen mejores lecturas, como son «Computer love» o, sobre todo, «Pocket calculator». Se completa el repertorio con «Tour de France», la archifamosa copla de la Vuelta Ciclista de 1983, que, a buen seguro, le habría encantado escuchar, junto al resto de cortes incluidos en «The Twang Machine», a Dick Dale, el inolvidable gran rey de la guitarra surfera.


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