Discos Críticas

Reseña y crítica sobre La Gran Esperanza Blanca y su álbum ‘Gasolina para quemar’, publicado en 2026.

… nunca se fueron por la tangente ni salieron de su estilo y de ese universo de “folk, blues, y también rock ‘n’ roll” que tanto les honra, el que dio título a aquel álbum de pálida portada en 1992, y que ahora descubrimos que derivaba de una canción como “Sombrero de caracolas de mar” que tocaban en los directos de finales de los años ochentas…

Una de las cosas más importantes que se aprendían en la “mili” —vocablo por el que se conocía popularmente al servicio militar obligatorio en España— era que “todo tiene fin”, mucho más si coincidía con doce meses y, al finalizar cada uno de ellos, se tachaba cada letra del anterior entrecomillado. Era la manera de reflejar el anhelo de lo que se conocía, coloquialmente, como «licenciarse», así como también la manera de mostrar el hastío que suponía la privación y restricción de la libertad y de derechos fundamentales para los jóvenes confinados en cuarteles y con una disciplina muy rígida, heredada del régimen franquista y que iba desde la jura de bandera, la instrucción… hasta las novatadas.

A buen seguro que, en abril del 86, cuando Cisco Fran y Fede ‘Spagnolo Ferocce’ fundaron La Gran Esperanza Blanca mientras cumplían con aquella imposición militar, no pensaron que aquella banda de rock podía durar cuatro décadas, y mucho menos que, coincidiendo con la duración de ellas, sería el fin de esa trayectoria musical con un concierto de despedida de los antes mencionados junto a los otros dos miembros Chuso Al y Chiti Chitez, cuya fecha concreta está señalada para el próximo 18 de abril en el templo del Loco Club (Entradas pinchando aquí), así como también un disco que representa el adiós, de título “Gasolina para quemar” y que, realmente, es el motivo de la presente reseña.

la gran esperanza blanca gasolina

Ese título, más allá de tratarse de una adaptación al castellano del “Fuel For Fire” de M. Ward, podría interpretarse, en sentido figurado, como la energía vital y la pasión de todo su periplo artístico, acabando del mismo modo que habían comenzado porque, todo hay que decirlo, LGEB nunca se fueron por la tangente ni salieron de su estilo y de ese universo de “folk, blues, y también rock ‘n’ roll” que tanto les honra, el que dio título a aquel álbum de pálida portada en 1992, y que ahora descubrimos que derivaba de una canción como “Sombrero de caracolas de mar” que tocaban en los directos de finales de los años ochentas.

Y es que la susodicha y el resto de material en este álbum son cantinelas que no se habían grabado en estudio, pero que estuvieron presentes en diversas épocas y que, más o menos, siguen un orden cronológico en el disco. De ese modo, “La colina del arroz”, esa donde todo se divisa mejor, y “El alcalde asesino” y su tremendo final con el ahorcado en la plaza frente a un retrato de Noé, fueron las dos primeras composiciones que presentaron a un concurso en Palma. De ambas recuerdo que las descubrí en el 30 aniversario que celebraron también en el Loco Club durante el ya lejano 2016, así como también en aquel día «El huelguista salvaje” y la colisión entre el sindicalista y activista laboral Joe Hill con el industrial Henry Ford, o el “Colmillo Blanco”, con 93 años de sabiduría y crueldad.

En el CD-libro, que incluye todas las letras de las canciones publicadas por LGEB y por Cisco Fran en solitario, incluidas algunas no editadas, aparecen otras melodías como “Soporto esa lluvia”, “No tires la llave” —alegato sobre los tiempos violentos con la participación de los medios de comunicación y que en los 90 juntaban en directo con la adaptación del “Political World” de Bob Dylan, “Somos materia porosa”, “Un hombre en la cuneta” o la maravillosa “Harry Dean” en una nueva versión que la que le dedicaron al legendario actor que ya había sido homenajeado en portada y título del álbum de 2002.

Sí, aunque llegue el fin y LGEB no hayan obtenido la repercusión merecida en todo este tiempo, los suficientes siempre agradeceremos su legado porque sabemos que es atemporal y, esperemos, nos continúe acompañando bastantes años más.


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