Especial 30 aniversario del álbum ‘Welcome To The Infant Freebase’ de The Soundtrack Of Our Lives, publicado el 9 de marzo de 1996.
Entre 1987 y 1992 Union Carbide Productions publicó cuatro discos excelentes que convirtieron al grupo sueco en el heredero más prominente de Stooges y MC5 en su país, Europa y el mundo entero. Sin embargo, entre el high energy rock and roll —asumido de manera libre y lata— que mandaba en su música, de vez en cuando se colaba algún tema (excepto en su debut, In The Air Tonite) infectado por el virus del pop y tratado con dramatismo y melancolía.
Podría afirmarse que en estas canciones está el germen del que nacerá The Soundtrack Of Our Lives, sí, pero el cambio de registro es tan drástico que sólo un adivino podría haber previsto que el proyecto que Ebbot Lundberg (voz), Ian Person (guitarra en los dos últimos elepés) y Björn Olsson (guitarra en los dos primeros) pusieron en pie tras la disolución de UCP fuera a resultar tan abiertamente pop. Que la obra producida iba a tener un nivel de creatividad altísimo, sin embargo, no parecía difícil de predecir.
Welcome To The Infant Freebase (1996) es el primer disco de TSOOL, veinte temas y setenta minutos que ilustran la ambición de una banda que, por si fuera poco, ya había publicado ese mismo año un epé (Homo Habilis Blues) como carta de presentación. El crescendo de Mantra Slider que abre el álbum informa de un rock emocional y psicodélico que, partiendo claramente de la década de 1960 (Byrds, Love, Beatles, Pink Floyd, Doors, Stones, etc.), busca la luz en sus propias entrañas. Firmament Vacation (A Soundtrack Of Our Lives) lo corrobora: no hay asomo de fotocopia en TSOOL, la banda ha dado con un estilo forjado de materiales nobles que reinventa para explicar el mundo a su manera.
Eléctrico (Underground Indian) o acústico (Chromosome Layer), Welcome To The Infant Freebase avanza mientras descubrimos asombrados que cada nueva canción suena diferente pero mantiene un canon que sólo pertenece a TSOOL, que bebe de otros tiempos, pero que expone los suyos. Un canon que revitaliza una fórmula para trasformarla y encontrar una nueva; que no revive mitos, sino que prefiere crearlos. Al contrario que la mayor parte de grupos de rock and roll de los últimos veinte años, Lundberg y compañía no sufren el síndrome del fan idiotizado, que imita la forma sin saber tratarla desde otro punto de vista porque está vacío.

Entre tanto vuelo lisérgico —el disco ha seguido sonando— hallamos también guitarras distorsionadas de puro hard rock como las de la aguerrida Confrontation Camp o engañosas baladas como Bendover Babies, destacando en todo momento una sensibilidad primorosa para las armonías y los arreglos, encargados de desarrollar un lenguaje épico maguer irónico, sin que esta cualidad anule la primera al cuestionar la epopeya. Este lenguaje es el que ha seguido elaborando The Soundtrack Of Our Lives hasta el día de hoy, creando un corpus indispensable para analizar el (mejor) pop realizado desde los años ochenta.
Eso sí, la primera piedra (larga) en el camino, Welcome To The Infant Freebase, no ha sido todavía superada, aunque quizá sí igualada. Lo veremos en futuras entradas.
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