Entrevistas

Entrevista a Frank Hurricane tras los conciertos en La Batisfera y el Centro Excursionista Bar de València durante los días 3 y 4 de septiembre.

… tiene algo difícil de encontrar hoy en día: autenticidad. No parece interpretar un personaje. Sus historias, sus canciones, la psicodelia y sus obsesiones forman parte de una misma cosa…

Hace unos meses, tomando algo en un bar de Valencia, Nick Mitchell Maiato y Larry Mansdorf me recomendaron la música de Frank Hurricane. El músico estadounidense iba a pasar por València para ofrecer algunos conciertos y, siguiendo su recomendación, lo escuché. Me pareció alucinante.

Pasaron los meses y, para ser sincero, había olvidado por completo que Frank Hurricane iba a tocar en la ciudad. Por suerte, hace unos días me lo recordaron. El pasado día 3 de septiembre llegué al CEX alrededor de las ocho de la tarde. El concierto estaba anunciado para las nueve, pero un cortocircuito provocó un apagón y todo empezó a retrasarse. Finalmente, alrededor de las diez, se decidió hacer el concierto sin electricidad y completamente desenchufado. Quedamos pocos para verlo aquella noche. Y quizá por eso mismo ocurrió algo especial: el concierto se convirtió en una experiencia absolutamente íntima.

frank hurricane entrevista

Desde la primera canción quedé enganchado a la música de Frank Hurricane. Con afinaciones abiertas, fingerpicking y los ojos cerrados durante buena parte del concierto, las canciones se fueron sucediendo y superando unas a otras. Pero hay algo especialmente particular en su forma de actuar: Frank mezcla constantemente sus canciones con historias, muchas de ellas cercanas a lo surrealista, hasta convertirlas en parte inseparable de su performance.

Con Frank Hurricane no vas solamente a escuchar canciones. También vas a descubrir de dónde vienen. Durante todo el concierto tuve la sensación de que aquel tipo estaba conectado a algo muy especial. Un free spirit total y absoluto. Fanático de las montañas rusas y de la naturaleza, todo lo que predica parece ser consecuente con lo que canta y toca. Es uno de esos músicos que, por suerte, todavía existen: completamente reales.

Entre sus historias aparece, por ejemplo, la de un amigo que caminaba descalzo por la calle cuando encontró una caja de zapatos. Al moverla, sintió que dentro había un par de zapatos. Feliz con su descubrimiento, abrió la caja y se encontró con algo completamente diferente: un chihuahua.

La historia sobre el origen de su canción “Addicted to Thrills” es otra joya. Todo comienza con una broma que le gastaron al padrastro de un amigo: el clásico “tocar el timbre y salir corriendo”. El problema fue que el hombre salió a buscarlos con un arma. Según cuenta Frank, aquel episodio fue uno de los disparadores de su posterior adicción a esa clase de adrenalina que, lejos de perjudicarle, parece condimentar su vida.

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A mitad del concierto, la luz volvió al CEX. Y, curiosamente, por momentos tuve ganas de que no lo hiciera. Se había creado un ambiente casi cinematográfico entre aquellas historias, la oscuridad y unas canciones extraordinarias. Con todo eso todavía en la cabeza, decidí volver a verlo al día siguiente, viernes 4, esta vez en La Batisfera. Allí ya había un público considerable. Me senté muy cerca del escenario para poder prestar atención a cada detalle.

Y la magia volvió a aparecer. Esa noche descubrimos su odio por la mayonesa, alguna que otra historia sobre “gilfs”, su amor por su novia Tara, la inspiración que le provocó ver a un amigo caer desde una cascada, un guiso de carne un tanto sospechoso que le cocinaron en una casa de dudosa seguridad, las personas que conoce mientras hace cola para subir a las montañas rusas y hasta la felicidad que le produjo que un perro le meara la pierna.

Todo eso termina transformándose en canciones como “The Girl from Flowery Branch”, “Taylor and Rhonda”, “Hey Little Frog”, “Sneedville Blues” o “Raw Meat and Poison Ivy”. Son pequeñas joyas de tres o cuatro minutos, interpretadas con una voz enorme y una forma de tocar las cuerdas que puede ser sutil y, al mismo tiempo, ligeramente agresiva.

También resulta curiosa —y muy divertida— la manera en que Frank se refiere a la gente como “shrimps” (gambas). Según explicó, anteriormente utilizaba la palabra “pimp” (proxeneta), pero después de tener algún problema decidió sustituirla por “shrimp”. Con el tiempo, la palabra terminó convirtiéndose prácticamente en una marca propia, una especie de código compartido entre él y quienes siguen su música. Yo, personalmente, me considero uno de ellos desde la semana pasada.

Dos noches extraordinarias de concierto de un músico estadounidense al que recomiendo muchísimo. Frank Hurricane tiene algo difícil de encontrar hoy en día: autenticidad. No parece interpretar un personaje. Sus historias, sus canciones, la psicodelia y sus obsesiones forman parte de una misma cosa. Y precisamente por eso creo que merece ser escuchado mucho más en España.

Su carrera lleva tiempo despegando, pero aquí todavía puede ser uno de esos descubrimientos que aparecen casi por casualidad y terminan convirtiéndose en algo mucho más grande. Por eso decidí escribir esta nota para el Exile. Porque, aunque Frank Hurricane hace tiempo que dejó de ser un secreto para muchos, en España todavía puede ser, perfectamente, un diamante en bruto.

frank hurricane entrevista

Entrevista a Frank Hurricane. 04/09/2026, Valencia.

Juan Pablo Mazzola: Me resultaron alucinantes tus conciertos. Es demasiado intenso para un solo ser humano, ¿verdad? 

Frank Hurricane: ¡Claro que sí! Demasiado intenso, hombre.

Juan Pablo Mazzola: Me interesa que te presentes de la manera que quieras.

Frank Hurricane: Soy Frank Hurricane. Soy narrador, guitarrista, músico de folk, músico de blues, adicto a las montañas rusas, excursionista y amante del mundo, diría yo.

Juan Pablo Mazzola: ¿Has estudiado música o eres completamente autodidacta? 

Frank Hurricane: Tomé algunas clases cuando era niño, cuando era muy pequeño, pero luego lo dejé. Incluso pasé años sin tocar. Después empecé a escuchar música, cuando tenía, no sé, unos once años. Empecé a escuchar cosas geniales, como Jimi Hendrix. Y aprendí a tocar con los dedos por mi cuenta.

Luego me metí de lleno en el fingerpicking. El punteo es una especie de reflejo de la naturaleza y del movimiento, supongo. Ya sabes, como el movimiento natural y esas cosas. Simplemente se sentía bien. El punteo es como las cascadas, las montañas, los coches y la ciudad. Así que aprendí a puntear por mi cuenta y empecé a disfrutar cantando y a soltarme. Así fue como aprendí a tocar música.

Juan Pablo Mazzola: ¿Y lo de las afinaciones abiertas? 

Frank Hurricane: ¿Has oído hablar de ese tipo, John Fahey?

Juan Pablo Mazzola: No, no lo conozco.

Frank Hurricane: Es un tipo de Estados Unidos, de hace tiempo. Creo que empezó a tocar probablemente en los 60, 70, 80 y 90. Falleció a finales de los 90, creo. Pero escuchaba a todos los músicos de blues del sur de Mississippi. Para mí, esa es la mejor música del mundo: el blues de Mississippi.

Ya sabes, los famosos: Robert Johnson, Son House, Charlie Patton, Bukka White. Todos esos colegas, todos esos tipos, son los mejores músicos de todos los tiempos, en mi opinión. John Fahey se vio influenciado por ellos, pero lo convirtió en música instrumental con punteo. Eran canciones largas, de quince minutos o cosas así, con un punteo peculiar. Era casi como música clásica, una especie de blues vanguardista, pero solo con punteo. Sin canto, sin voces. Realmente me inspiró.

Y luego está este tipo, Bert Jansch, del que quizás hayas oído hablar. Es un inglés nacido en Escocia. También falleció, más o menos en 2011. Es mi músico favorito. Y estuvo en esa banda, Pentangle. Es increíble y me influyó muchísimo. El fingerpicking, luego el canto y después la narración de historias. Es como si todo formara parte de lo mismo.

Y a medida que sigo tocando, a medida que crezco, vivo y aprendo, la narración de historias se convierte en la parte más importante para mí porque creo que es la más poderosa para la gente del mundo. 

Juan Pablo Mazzola: Significativo.

Frank Hurricane:  Sí, sí. Significativo para el futuro y para la gente del mundo.

Juan Pablo Mazzola: Y otra cosa en la que estaba pensando mientras contabas la historia de tu vida: has estado en todas partes, ¿verdad? ¿Naciste en Carolina del Sur? 

Frank Hurricane: En todas partes. Sí, nací en las Carolinas. Mi familia siempre se mudaba, ¿sabes?, mientras crecía. Mi familia —y no eran militares ni nada de eso—, pero incluso nos mudábamos a pueblos con presencia militar. Eran simplemente diferentes trabajos y nos mudábamos mucho.

Así que me mudé toda la vida. Crecí mudándome. Nací en Durham, Carolina del Norte, y luego me mudé a Chapel Hill, Carolina del Norte, creo que cuando tenía cuatro o tres años. Después a Fayetteville, la llamaban Fayette-Nam. Es una ciudad militar loca donde la gente simplemente está, como, disparándose unos a otros y esas cosas. Es una locura. Eso fue en segundo y tercer grado.

Luego, Columbia, Carolina del Sur, desde que tenía, no sé, nueve años hasta los dieciséis. Después Tennessee, y luego Georgia.

Juan Pablo Mazzola: Lugares totalmente diferentes. 

Frank Hurricane:  Sí, sí. Totalmente diferentes. Y todo lo demás.

Juan Pablo Mazzola: Has estado de gira por Europa y vendes tu propia música por tu cuenta. ¿Cómo te las arreglas con eso? 

Frank Hurricane: Es fácil. Es lo más fácil del mundo, ¿sabes?, porque solo tengo que ser yo mismo. Tengo que cumplir mi misión. Mi vida es esto. La razón por la que estoy aquí en este mundo, por supuesto, es para contar historias sagradas, difundir la música, difundir el amor y hacer del mundo un lugar mejor. Hacer reír, llorar y divertirse a la gente.

Juan Pablo Mazzola: Nick me contó algo sobre un programa de televisión. 

Frank Hurricane:  Estoy trabajando en un programa de televisión que va a ser algo importante. Está en desarrollo ahora mismo. Todavía no hemos empezado a trabajar en él, pero están preparando la presentación y todo eso.

Será un programa mitad animación, mitad acción real, donde me interpreto a mí mismo. Es como mi viaje, esencialmente: historias, canciones, de todo. Pero yo las interpreto. Y también habrá animación. Algo así como, si alguna vez viste el programa «Cuentos del autobús de gira», eso es lo que me imagino. Como los de las grandes producciones.Probablemente lo estaremos haciendo durante el próximo año.

Juan Pablo Mazzola: Contaste muchas historias sobre diferentes canciones, ¿verdad? Y mencionaste a tu novia Tara. 

Frank Hurricane: Sí, exacto.

Juan Pablo Mazzola: ¿Y cuánto tiempo llevas viviendo con ella? 

Frank Hurricane:  Bueno, en realidad no he estado viviendo con ella. Nos conocimos en esta gira. Es increíble, tío. Mi vida es una bendición ahora mismo. Siempre lo ha sido, pero ahora mismo es aún mejor. Estuve viviendo en Filadelfia tres años y medio. Me encanta Filadelfia, pero quería emprender un gran viaje.

Así que reservé esta gira enorme en marzo de este año. Empecé la gira y he hecho 105 conciertos o algo así, desde marzo hasta ahora. No tengo casa. No vivo en ningún sitio. He estado literalmente de gira desde marzo de este año, y ahora es septiembre. Así que prácticamente todo el año. Y en Los Ángeles di dos conciertos durante esta gira.

Y lo asombroso es que, la primera vez que llegué a California, habían pasado probablemente siete años desde mi última visita a la Costa Oeste. Llegué a California y fui a Knott’s Berry Farm. No sé si alguna vez has ido. Es un parque de montañas rusas. Básicamente, fui a Knott’s Berry Farm porque soy un fanático de las montañas rusas.

Y conocí a dos chicos. Eran realmente místicos. Para resumir, personajes muy interesantes. Sabes, en mi canción hablo de Taylor y Rhonda. Hablo de hacer fila para las montañas rusas y de la gente que conoces allí.

Es la gente más genial del mundo, la gente auténtica. Los conoces en lugares normales, donde te ves obligado a estar al lado de toda esa gente, y conoces a personas increíbles todo el tiempo. Y conocí a estos dos chicos. Parecían de otro mundo, locos de remate. Se veían geniales.

Pensé: «¡Guau, qué chaquetas tan chulas!». Y les dije: «Chicos, esas chaquetas son increíbles». Uno de ellos llevaba gafas, como de natación, un estilo Speedo, ¿sabes? Resulta que la razón por la que lleva esas gafas es que es ciego. Nació sin ojos. Tiene ojos artificiales. Tiene prótesis oculares, pero la fuerza de las montañas rusas se las sacaría de las órbitas.

Juan Pablo Mazzola: ¡Mierda! 

Frank Hurricane: Tiene que usar las gafas para no perder el contacto visual, ¿sabes a lo que me refiero? Así que este tipo y yo nos subimos juntos a la montaña rusa, en la última fila. Esta montaña rusa, «Ghost Rider»… Fue una experiencia inolvidable. Entró en mi top 5 de montañas rusas de todos los tiempos.

Y entonces les dije: «Bueno, chicos, me tengo que ir. Tengo que subirme a estas otras montañas rusas». Y me dijeron: «No, vienes con nosotros». Y les pregunté: «¿Adónde me llevan?». Me dijeron: «A un lugar especial. Un lugar secreto. Nos caes bien. Te llevaremos a un lugar especial». Les pregunté: «¿Qué quieren decir? ¿Se refieren a una especie de montaña rusa secreta subterránea?». Y me dijeron: «Sí. Como Illuminati, Eyes Wide Shut…». Y yo pensé: «¡Dios mío!».

Estábamos dando vueltas. Había faroles. Estaba oscuro. Había Juggalos locos y cosas así. De repente, pregunté: «¿Adónde vamos?». Y me dijeron: «¿Ves ese farol encendido de ahí? Vamos para allá». Fuimos al farol y era una tienda de regalos. Me compraron una chaqueta de 150 dólares a juego con las suyas: chaquetas de Knott’s Berry Farm. Ahora todos llevamos la misma ropa y nos subimos a todas las montañas rusas juntos, con el uniforme puesto y todo. Me alegraron la vida, tío.

Y, de repente, al día siguiente me voy a Los Ángeles y doy un concierto. Al día siguiente doy un concierto con Tara, mi novia de entonces. Nos encontramos en la cima de la montaña, y ahí empezó todo, hermano. Conectamos mágicamente de una forma que nunca había imaginado. Fue como amor a primera vista. Es una locura. Ahora he estado en Los Ángeles. En cada descanso que tengo durante la gira, vuelo para allá. Estuve allí unos dieciséis días hace poco, antes de volar aquí para venir a Europa.

Juan Pablo Mazzola: ¡Qué guay! Es una verdadera historia de amor. 

Frank Hurricane: Fue una locura. Como una historia de amor moderna. Sí, de otro mundo.

Juan Pablo Mazzola: ¿Y qué pasa con las montañas rusas? ¿Por qué tanta obsesión? 

Frank Hurricane: Las montañas rusas son mi terapia, ¿sabes? Mucha gente va a terapia. Pagan un dineral para ir o lo que sea. Yo pago por las montañas rusas. Esa es mi terapia. Me cura de todo, tío. De verdad. Me hace sentir un montón de cosas que me liberan del estrés y la ansiedad, o lo que sea que se acumula en el cuerpo al vivir la vida normal. Las montañas rusas son mi terapia. No sé muy bien cómo explicarlo. Es como agitar los dados, sacudirlo todo.

Juan Pablo Mazzola: ¿Como sacarse el polvo de encima? 

Frank Hurricane:  Sí, sí, absolutamente.

Juan Pablo Mazzola: Creo que es la primera vez en mi vida que pienso en las montañas rusas de esa manera. Como una especie de exorcismo. 

Frank Hurricane: Sí, como una especie de exorcismo o algo parecido. Y lo realmente genial es que también hay una comunidad. Hay una escena musical. La comunidad de las montañas rusas es enorme y es increíble. Es asombrosa. En serio, es una locura. Mi amigo me estaba mandando fotos hoy mismo, desde el noroeste. Ahora mismo está en una convención de montañas rusas.

Y están todos esos influencers de montañas rusas, he conocido a muchos porque voy a todos los parques y demás. Tienen un bar en la parte de atrás del coche, en el aparcamiento de al lado, y están preparando margaritas, pasándoselo en grande y mandándome fotos de la fiesta en el aparcamiento.

Juan Pablo Mazzola: Suena muy divertido. 

Frank Hurricane:  Es increíble.

Juan Pablo Mazzola: Y una última cosa. Nick me acaba de contar lo de los camarones; te estaban dando mucha lata por lo de «proxeneta». (Frank usaba la palabra “pimp” para referirse a la gente, pero la terminó cambiando por “shrimp” que suena parecido, una especie de uso tipo “colega”)

Frank Hurricane:  Yo llamaba proxenetas a la gente en Boston y no les gustaba. Así que dije: «Bueno, camarones». Y ese fue el comienzo. Pero luego se convirtió en mucho más que eso. Pero ese fue el nacimiento. Esa fue la primera parte. De ahí surgió realmente.

Juan Pablo Mazzola: Muchísimas gracias por tu tiempo y por las historias, Frank. 

Frank Hurricane: Un placer.


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