Entrevistas

40 años de Discos Amsterdam en València. Entrevista a Juan Vitoria.

J.J.: Hola Juan, una alegría siempre charlar contigo, in person o en esta entrevista para el Exile SH Magazine.

J.V.: Pues igualmente Juanjo, tú y yo siempre hemos estado en el mismo “bando”, por llamarlo de alguna forma.

J.J.: 40 añazos de la tienda, se dice pronto. Nació el mismo año que “El Acto” de Paralisis Permanente, “El Eterno Femenino” de La Mode, “Cuando se come aquí” de Siniestro Total, los “Dias de Vino y Rosas” de Dream Syndicate o el “Too-Rye-Ay” de los Dexys. Pensando en esas cinco grandiosas coincidencias discográficas puedo imaginar un poco el perfil de Juan Vitoria repecto a cómo se gestó y se desarrolló el universo de Discos Amsterdam.

J.V.: Bueno, yo ya había tenido relación con una tienda de discos, en 1978 estuve llevando la de un amigo, hasta que me obligaron a ir al servicio militar, yo pillé desgraciadamente el último año en el que era terminantemente obligatorio, bajo pena de cárcel, así que no tuve más remedio y me largaron a Canarias, que por otra parte fue una experiencia curiosa. Cuando volví, aquella tienda había cambiado de manos y no pude continuar mi andadura, para lo que tuve que ingeniármelas hasta que surgió la oportunidad de montar una tienda de discos propia. A mi no me gustaba la forma en la que se trataba a los apasionados por la música, yo ya era un degustador compulsivo de discos y echaba en falta que alguna de esas tiendas tuviera algo de empatía y sintiera lo que yo sentía por las canciones. Mi idea era tener una tienda de discos para la gente como yo, compartiendo pasiones y aprendiendo unos de otros.

J.J: Estamos hablando de la tienda de discos actual más antigua de Valencia junto a Harmony de nuestro amigo Víctor. ¿Es así?

J.V.: Exacto, las demás fueron cerrando, algunas duraron muy poco, otras han cambiado de dueños y de conceptos… Víctor sigue inalterable, como nosotros, además, él es, con diferencia, el que mejor me cae de todos y siempre nos hemos tenido mucho cariño. En todo caso, sabrás que su idea de continuar no piensa mantenerla mucho y ahora mismo está haciendo un horario muy reducido. Pero te repito, es un tipo formidable.

J.J.: Si no me equivoco, en su día dejaste trabajos de dibujante, en tiendas de discos para otros, y montaste la tuya propia, con un amigo como Miguel Angel Galán (que por cierto, hace relativamente poco tiempo me enteré que formó parte de los Tomates Eléctricos, me encantaba la canción que le dedicaron Ultima Emoción, disco que compré en tu tienda). Migue y tu mujer Margarita son los otros dos pilares de ese apasionado negocio que durante cuatro décadas vienes controlando. 

J.V.: Sí, es lo que te he dicho antes, yo estaba llevando la tienda de un amigo y además era diseñador gráfico, como se llama ahora, entonces en realidad lo que hacía era crear logos para papel timbrado y bolsas de tiendas, y ganaba una pasta, oye, que me permitía comprar bastantes discos. Margarita es mi compañera en todo y para todo, entonces era ni novia, ahora mi mujer, con la que comparto absolutamente todas mis pasiones. Migue es mi mejor amigo, o está entre los mejores, que eso es muy difícil de dilucidar y le pedí que me echase un cable. Él es el complemento perfecto, sabe una barbaridad de música y es mucho más paciente que yo, casi es un psicólogo con la gente; en los primeros años tuvo dos grupos icónicos, Los Tomates Eléctricos, que parecían una mezcla entre Devo y los B-52’s y, posteriormente, Fanzine, que ya sonaban a ochentas, en la onda de Glamour.

Juan Vitoria. 40 aniversario de Discos Amsterdam

J.J.: En tu currículum varios libros: “Los 100 mejores discos del rock”, de Green Day, de Paul Weller, de Van Morrison, los “discos ocultos”… No sé si me dejo alguno. Si a ello sumas programas de radio, disc jockey… ¿podemos decir que has sido (y eres) un influencer a la vieja usanza, no?

J.V.: Uy, me horroriza la palabreja esa de “influencer”, la mayoría de ellos son unos descerebrados con más morro que talento. Yo quizá me pueda considerar comunicador, creo que es una obligación moral descubrir arte a las personas, si está en mi mano y opino de lo que conozco, porque también me gustaría hacerlo de pintura (soy un fanático del arte abstracto) o de cómic… pero no estoy a la altura para hacerlo. La radio es una forma de exportarme a la gente, soy yo en estado puro e intento ser siempre un entusiasta de las canciones, mis mejores amigas. He escrito varios libros más de los que citas, uno sobre los Beach Boys, el de Green Day era en realidad un retrato del punk de los 90, también escribí “Los 100 Mejores discos del Rock”, que se publicó en Francia, Italia, Alemania y en toda Latinoamérica. Ah, y uno muy peculiar, “Guía Musical de Londres”, en el que reflejaba todas las tiendas de discos, garitos, salas de conciertos, barrios y su historia pop, etc… ese libro se vendió en muy poco tiempo porque Pepe Jeans compró toda la tirada para regalarlo a sus clientes. Me ofrecieron ir revisándolo, pero era un trabajo gigantesco, ya que cada año cambiaba tiendas, salas, lugares y se iban aumentando las historias sonoras de la ciudad. Para mí Londres fue todo un universo, sobre todos en los tiempos en los que España era un país en blanco y negro, que salía de una dictadura salvaje y allí todo era multicolor.

J.J.: Recuerdo vagamente mis primeras visitas, las primeras charlas musicales, tus recomendaciones… Y allí en la pared, colgadas aquellas fotos tuyas en Memphis que me flipaban, o aquellas cintas de cassette con grabaciones piratas de conciertos, la mayoría en Pacha o Arena Auditorium. Ha llovido. ¿Qué pasó con aquellas cintas que de repente desaparecieron?  

J.V.: Vaya, lo de las cintas, eso se me ocurrió porque viajaba a Londres y en muchas tiendas de allí tenían, al día siguiente de que hubiera tenido lugar un concierto, la cinta de aquél evento, con portadas fotocopiadas. Y a mi me encantaba; además valían muy baratas, era casi más por el fetiche que por otra cosa. Yo conservé una gran parte de aquellas cassettes, pero las guardé en mi sótano y en una de esas trombas de agua que inundaron Valencia, se echaron todas a perder. Una lástima, ahora me hubiera encantado tener varias de ellas, Derribos Arias en NCC, por ejemplo, o Parálisis Permanente, o muchos de los conciertos de Arena.

J.J.: También recuerdo, tenía que decirlo, cuando fui a por el “Off the bone” y me acabaste de convencer sobre la grandeza de los Cramps. ¿Te das cuenta la cantidad de satisfacción musical que has generado a lo largo de estos años?

J.V.: Bueno, es que tú y yo siempre hemos coincidido mucho. Los Cramps fueron uno de los pilares de Discos Amsterdam, cuando nadie en España tenía esos discos y mucho antes de que entraran las tiendas que se dedicaban exclusivamente a la importación, nosotros traíamos de Francia y de Holanda aquellos vinilos mágicos y siempre teníamos unos precios asequibles, porque luego, lo de aquellas tiendas era tremendo, vendían los discos a unos precios prohibitivos. Con respecto a descubrir discos, es que eso era y sigue siendo nuestra misión; probablemente nadie se fijaría ahora mismo en un tipo como Whitney K. que hace unos discos sublimes, o tantos y tantos grupos y artistas agazapados en los cajones de las tiendas sin que nadie les de una oportunidad. Ahí entra mi la labor, o la de Migue, ya que Margarita se encarga de la difícil tarea de llevar el merchandising, algo en lo que fuimos también innovadores en la ciudad.

J.J.: O por ejemplo también, otro recuerdo que tengo asociado contigo es Bettie Serveert. Me la descubriste coincidiendo con mis viajes a Holanda en los noventa. Es un caso como otros muchos de esos grupazos de pop-rock que no conoce casi nadie, y que en cierto modo tú fuiste la vía de entrada para una minoría selecta. 

J.V.: Bueno, lo de Bettie Serveert fue muy especial, cuando salió su primer disco, “Palomine”, yo me quedé desencajado, una excitante mezcla entre Neil Young y Patti Smith. Convencí a Manolo de Radio L’Horta para que los contratara para mi primera fiesta de Los 39 Sonidos; la verdad es que fui muy atrevido e hice que la radio perdiese mucho dinero, porque trajeron desde Amsterdam a la banda y a Swell, desde San Francisco, solo en exclusiva para nosotros: aberrante. Aquella fue la primera fiesta de Los 39 Sonidos, con esos dos grupos, Los Canadienses y Silvania, en Planet Valencia, Albal, vamos, un atrevimiento impensable y un fracaso en la asistencia, ya que solo vinieron unas 1700 personas, que puede parecer mucha gente, pero que paro lo que costo traer a esos grupos, fue un batacazo estrepitoso. Y sí, con respecto a descubrir nuevas bandas es que eso es lo que yo tenía como premisa, de alguna forma era mi cometido, me sentía en la obligación de hacerlo y compartir esa pasión.

Conciertos  por los 40 años de Discos Amsterdam en València. Entrevista a Juan Vitoria.

J.J.: Y todo ello si vas a Nuevo Centro en Valencia, después de sumergirte en un mundo de consumismo capitalista. De repente, ahí está la tienda, como un oasis de cultura. ¿Qué tal te llevas con las tiendas colindantes? ¿Hay algún cliente o solamente están pendientes de modas o de vender indiscriminadamente?

J.V.: Han sido muchos años y ha pasado mucha gente por allí; ahora mismo la gente de la casa del café son clientes, pero no mucho más, la mayoría de los clientes que pasean por Discos Amsterdam vienen única y exclusivamente a Nuevo Centro por la tienda, lo cual está muy bien, saben distinguir el lugar de su ubicación, no les importa dónde está sino lo que es.

J.J.: Además de la estima personal que te tengo, una de las cosas que más me gustan de ti (y sabes que no te estoy haciendo la rosca), es la pasión que transmites, añadido al conocimiento de causas con opiniones a veces contundentes, vehementes y convincentes. En ciertos círculos tus formas pueden generar recelos, envidias, malas interpretaciones… No se puede ser amigo de todos. Supongo que lo tienes asumido. 

J.V.: Eso es algo que nunca he sabido llevar bien. Mira, yo soy una persona que intenta ser altruista, algo sumamente complicado en una sociedad como la actual; nunca he presumido de participar en ONG’s ni en ayudar a gente, me parecería deleznable, pero es lo que hago, y jamás he alardeado de ello ni he puesto cosas de esas en las redes sociales para que digan “mira que guai es el Vitoria”. Soy visceral, siempre lo he sido y, por supuesto, lo seguiré siendo, y todo ello genera celos, odios, envidias y es que hay mucha gente con malas vibraciones. Pero yo no soy capaz de llevarlo bien, soy consciente de la cantidad de gente que me quiere y a la que sirvo de algo, de alguna forma, pero cada vez que alguien dice algo malo sobre mí, me derrumbo, me golpea al corazón y pienso “¿merece la pena?”, me vengo abajo, quizá porque soy un romántico empedernido, seguramente lo saben y por eso me golpean, no sé, me duele y punto.

J.J.: Una vez me contaste que el disco más vendido en Amsterdam fue el platanazo de la Velvet Underground, mi disco favorito de la vida forever and ever. Así, a grosso modo. ¿Cuántos ejemplares podéis haber vendido?

J.V.: Imposible saberlo, a ver, llevamos 40 años en activo y siempre se han vendido, como mínimo, una unidad de ese disco a la semana… Multiplica.

J.J.: Joer, pues con un cálculo rápido creo que me salen más de 2.000 plátanos velvéticos, benditos sean. Bueno, aprovecho para esos cotilleos innecesarios sobre opiniones que tanto nos molan. Yo lo tengo clarísimo, quiero imaginar que tú también, jeje. ¿David Bowie o Lou Reed y por qué?

J.V.: Pues yo no lo tengo tan claro. Probablemente sin Reed la trayectoria de Bowie no sería la misma, pero lo cierto es que Lou nunca mantuvo la creatividad de David, aunque éste titubeó en los 80. Creo que son paralelos, ninguno por encima del otro. Yo adoro a Bowie por lo que significó como ruptura estética, pero Reed estableció los parámetros de la música moderna, se mire por donde se mire.

Juan Vitoria. 40 aniversario de Discos Amsterdam

J.J.: Aquí podríamos debatir más, pero seguro que me gusta tu argumentación. ¿Beatles, Stones… o Kinks?

J.V.: Mira, ayer mismo me encontraba en un restaurante de Estambul, después de un día ciertamente ajetreado y, cuando pude sentarme, comenzaron a poner canciones de Beatles; me arreglaron la noche. Nada, absolutamente nada, ha sido como ellos, antes que nadie, por encima de tendencias, de costumbres, de etiquetas. Todos los demás han sido colosales, pero las creaciones de Paul y John (y las de George) no tienen parangón, aunque sea muy tópico y muy típico, NADA ha llegado al nivel de Beatles, decir que les adoro sería quedarme muy corto y, uff por muy brillantes que fueron los Stones, vaya, que no me quiero poner borde, pero antes los Who, Small Faces, Kinks, Animals…

J.J.: Venga, ya puestos, por orden, dame tus 3 referencias fundamentales respectivamente de los 50, 60, 70, 80, 90, y ya puestos tu pódium de oro, plata y bronce en el S.XXI.

J.V.: Te pones un poco cabrón, eh? A ver, comencemos, los 50, Chuck Berry por encima de todo, luego Little Richard y Jerry Lee Lewis. Los 60, ahí lo he dejado claro antes, Beatles, Kinks y, mira, los Zombies, que no los hemos citado. Los 70 también están muy claros para mí, Lou Reed, David Bowie e Iggy Pop. Los 80, Umn, más complicado, a ver, Talking Heads, Japan y Johnny Thunders. De los 90, sin duda Pavement, Swell, Cracker, P. J. Harvey y de la última generación Ezra Furman, Lemon Twigs… es que me surgen muchos.

J.J.: ¿Vinilo o CD? Bien sabes que a mí me da lo mismo, pero a mucha peña le mola debatir encendidamente sobre esas minucias en las redes sociales, seguro que has sido espectador de alguna.

J.V.: Es un tema encendido, como lo de las reediciones o los originales. Yo prefiero el vinilo por cuanto el sonido real es el analógico, como el azúcar o la sacarina, lo digital es una imitación de lo real, pero no soy talibán, lo mejor es con lo que uno pueda disfrutar. Yo tengo un ampli de válvulas y un muy buen plato, así que lógicamente apuesto por el vinilo. Pero fíjate, es como la gente que dice que el vinilo original es mejor que el reeditado, vamoooos, que ni puta idea, según cual sea, porque los vinilos españoles, italianos y franceses eran lamentables, generalmente, que tampoco quiero parecer  un defensor de los discos de nuevo cuño, hay que ver cada caso y cada edición, uno por uno. Pero las tiendas que te dicen que el vinilo nuevo es peor que el original lo hacen porque no venden ediciones nuevas y los que aseguran que los de última edición superan a los originales, es que no venden segunda mano. Que no te creas nada, lo mejor es ir a tiendas que venden de los dos, ellos te dirán cual es lo mejor, porque no tienen interés de una cosa sobre otra.

J.J.: Pues incidiendo en el tema. ¿Hasta qué punto influyó la cultura digital en la venta de vinilos o CDS? ¿Podemos decir que los vinilos, o incluso los Cd’s por citar formatos físicos que se pueden palpar, son para nostálgicos, o hay cuerda para rato? 

J.V.: Ese es otro debate, ahora todos sabemos que ha vuelto el vinilo y bla, bla, bla, pero la realidad es que todo es testimonial, casi anecdótico, a pesar de que tiendas como la mía subsisten sin dificultades. Hace muchos años tomábamos un disco y nos sentábamos a escucharlo, mientras contemplábamos la portada, los créditos; ahora eso es impensable, la gente escucha música mientras realiza mil cosas al mismo tiempo, ¿te imaginas que vamos a un museo a ver obras de arte mientras escribimos al mismo tiempo, hacemos deporte o practicamos sexo? En eso envidio la literatura, cuando estás leyendo un libro únicamente haces eso, por eso mismo la gente joven cada vez lee menos. El problema es la necesidad de buscar la urgencia para todo.

J.J.: Vuelvo a la tienda. Sigo flipando con la anécdota de unos chavales fornicando en la parte de detrás, que la contaste hace poco en una entrevista también. Allí, dale que te pego. Vamos, vamos a follar en Amsterdam, que tiene morbo. A ver si se corre la voz, ¿no?  

J.V.: Oye, que eran menores de edad, muy fuerte. En 40 años ha pasado mucho, afortunadamente nunca hemos sufrido un atraco con violencia, claro, eso hubiera sido muy difícil, ya que aprietas un botoncito y tienen a la seguridad del Centro en 10 segundos. Pero sí que ha habido cosas que incluso yo no cuento, por reparo o pudor, según se tercie. Divertida, desde luego, es esta tienda.

J.J.: En octubre se celebró el primero de los dos eventos en Loco Club. Ahora queda el segundo en 16 Toneladas el 12 de noviembre, con todas las invitaciones agotadas. Otro llenazo con bandas de la terreta que representan diversos estilos y que, en cierto modo, nos permite conocer la variedad de tus gustos, siempre alejado del talibanismo musical. Háblame algo de Hank Idory, Los Radiadores, Badlands, Serie B y Carolina Otero. 

J.V.: Eso es una de mis premisas personales, pero es muy complicado que alguna de esas bandas pueda interpretar, por ejemplo, sonidos brasileños, africanos y, poniéndolo fácil, soul. Todos estos grupos son muy amigos, hay una vinculación especial entre Discos Amsterdam y todos ellos, podría hablar de cosas importantes que han hecho esos grupos, también los que tocaron en la primera fiesta, Petit Mal, Star Trip, La Gran Esperanza Blanca, que al final no pudieron tocar por enfermedad, y Platz, que representan el futuro más esperanzador de las jóvenes generaciones, ya que tienen entre 16 y 17 años. Casi todos estos grupos mantienen una relación de amistad y cariño conmigo, alguno de ellos, como Juancho Alegrete (Hank Idory) es incluso más que eso, casi familia. Y podría hablar de muchos otros grupos, que querían tocar también y, por cuestiones de tiempo, era totalmente imposible.

J.J.: Dicen que la crisis de los 40 no es moco de pavo. ¿Crees que habrá crisis o será todo tan bonito como la “mujer de 40” que cantaba Roberto Carlos? ¿Habrán celebraciones por aniversarios de los 45, 50…?

J.V.: El futuro es siempre incierto, probablemente en Febrero habrá cambios en Discos Amsterdam, pero la idea es continuar como lugar de referencia de la música en la ciudad y yo no podría hacer otra cosa; bueno quizá sí podría, pero no quiero, necesito encontrar esa empatía con la gente que nos visita, descubrir cosas a gente a diario y que ellos me las descubran a mí, esa interrelación es de lo que se nutre mi tienda. Eso es lo que tiene esa definición ambigua y apasionante que conocemos como rock, a pesar de que algún parásito la critica, simplemente porque ni la entiende ni sabe sentirse partícipe de un sonido cambiante, abierto, sorprendente, mestizo, lujurioso y vital. Un sonido que nos hace libres, distintos y distintivos.

J.J.: Muchas gracias, tocayo, por tus palabras. Salud, suerte, rock’n’roll y nos vemos pronto.

J.V.: Un placer siempre y perdona mis respuestas tan extensas, soy de vocación parlanchín.


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