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La Cosmic American Music de Gram Parsons y su disco póstumo

…nadie como él provocó las fisuras precisas en el robusto cerco del country pisando con gracia y desenfreno el nacionalismo rancio y la esencia conservadora de un universo musical al que le hacía falta que alguien, más que abrir las ventanas de par en par, les rompiera los cristales…

Descubriendo a Gram Parsons

A pesar de su juventud, Gram Parsons cantaba desde un lugar desde el que a veces es difícil volver. Pero más allá de escenificar sus historias de perdedores y borrachos desde el drama turbio, se situaba junto a ellos en un acto de empatía que te hacía subir al globo de sus cuelgues. La ligereza emocional de haber traspasado la línea, de estoy vivo y ya nunca me permitiré no vivir la vida y sentirla hasta sus últimas consecuencias era la esencia de gran parte de sus canciones.

Lo malo es que a veces esta actitud puede tener contraindicaciones para la salud. Y en esas, por desgracia se le fue la mano y nos dejó incluso antes de poder entrar en el celebérrimo club de los 27. Demasiado joven.

He de confesar que quienes me acercaron al country en mi juventud fueron Neil Young y Johnny Cash, y que no fue hasta la salida del disco tributo ‘Return of the Grievous Angel’ (1999) organizado por Emmylou Harris, que no entendí la importancia de la obra de Gram Parsons y por extensión de todos aquellos estilos adyacentes al country. En aquel muy recomendable disco participaron un grupo de artistas impresionante que dejaron para la posteridad una apasionante rendición a su obra. Desde Pretenders, hasta Gillian Welch, pasando por Elvis Costello, Cowboy Junkies, Lucinda Williams, Whiskeytown… una fehaciente representación de hasta que punto ha influenciado en la música. Lo recomiendo encarecidamente.

De todas maneras, quien tenga en la música su guía, su vida y su vía de escape, como el que aquí os escribe, seguramente que en algún momento se habrá cruzado con Gram Parsons, ya sea por The Byrds, por los Rolling Stones o bien por otras figuras que alcanzaron mayor fama como su inseparable Emmylou Harris, quizás su mejor alumna y quien mejor ha defendido su legado. Incluso os diría que quien alabe a The Eagles sin tener a Gram Parsons en el altar más elevado no es digno de considerarse amante del country rock.

Reivindicando una figura fundamental

Durante muchos muchos años las circunstancias de la muerte de Gram Parsons y el extraño viaje de su cadáver a través del desierto en manos de dos amigos hasta ser incinerado, ha sido protagonista como punto de interés que mantenía su imagen de perfil secundario siempre presente como historia recurrente a la que acudir en artículos sobre malditos y demás. Pero creo que es más importante celebrar su obra y su música con todos los honores. Y es que debería figurar junto a los más grandes.

Tal y como descubrí leyendo ‘Hotel California’, el fenomenal libro de Barney Hoskyns, sus coetáneos nunca le tomaron demasiado en serio en lo artístico. Su comportamiento disoluto, su falta de compromiso en los proyectos en los que participaba, su apariencia de guaperas y su procedencia de clase burguesa, y algunas circunstancias y malas decisiones, como que dejó a los Byrds el día antes de iniciar la gira, o que le echaran de su propio grupo The Flying Burrito Brothers no por falta de razones, no ayudaron a que se apreciara su particular visión de la música americana aunque el disco Sweetheart of the Rodeo sea hoy por hoy considerado uno de los discos fundacionales del country-rock.

Y como ha pasado con muchos otros artistas como Big Star o The Velvet Underground, en su momento no sacó demasiado rédito a su música. A él tampoco es que le hiciera falta pues pudo vivir sin preocupaciones económicas gracias a una considerable paga vitalicia que le permitía un día a día sin ningún tipo de restricción. Al final las extrañas y difíciles circunstancias familiares que vivió de pequeño, su padre se suicidó y su madre murió de cirrosis, al menos le sirvieron para algo. Eso sí, no conseguir la fama que tanto ansiaba le martirizó hasta el final de sus días.

Como aquellos, ha sido conocido de manera más amplia por boca de otros artistas, en su caso a medida que esa imagen maldita de crápula irredento que se forjó a pulso se ha ido diluyendo con los años. Aunque no olvidemos que era muy joven y aquí la frase «cosas de la edad» está bien empleada, era un buen chico, risueño y con unas ganas tremenedas de compartir la música que más le gustaba. Pero no fue hasta los 80 cuando empezó a ser reivindicado con cierta seriedad, con mención especial a unos The Long Ryders que siempre que pudieron reivindicaron la importancia de su figura.

Sin embargo, señalar a Gram Parsons como el inventor del country-rock tampoco sería justo, quien reparta esta titulación os está engañando porque las líneas divisorias se difuminan cuando hablamos de estilos y pioneros, no todo es blanco o negro. Además seguro que se nos ocurren otros artistas que podrían ostentar tal título por logros y cronología desde que el rock’n’roll existe, desde Elvis Presley y Jerry Lee Lewis, pasando por Ricky Nelson y The Everly Brothers, y hasta los Beatles y Bob Dylan. Y de coetáneos como The Stone Ponys de Linda Rondstad y Gene Clark, tanto con los Gosdin Brothers como con Doug Dillard.

Eso sí, nadie como él provocó las fisuras precisas en el robusto cerco del country, transgrediendo su imagen, pisando con gracia y desenfreno el nacionalismo rancio y la esencia conservadora de un universo musical al que le hacía falta que alguien, más que abrir las ventanas de par en par, les rompiera los cristales.

Como cantante y compositor, Gram Parsons se encontraba en el nexo de innumerables encrucijadas musicales, y vendió su alma al diablo en cada una de ellas.

De ‘Twenty Thousand Roads’, la biografía de Gram Parsons escrita por David N. Meyer

Influencias de la Cosmic American Music

Sabiendo su final y la brevedad de su carrera musical, lo fácil sería pensar que su gracia le vino fruto de la casualidad, y no niego que tuviera un don natural para la composición de canciones, pero la impepinable frase de David N. Meyer esconde la verdad de un aprendizaje musical profundo y amplio, aspecto que normalmente no se suele tener en cuenta.

Primero, porque Gram Parsons fue otra de las tiernas mentes que a una temprana edad quedó impactado por la visión de Elvis Presley para bien y para mal, la imagen y actitud que desarrollaría a lo largo de su vida tuvo su ejemplo en el Rey del Rock, pero además, a la vista está en sus canciones la fogosidad eléctrica rockanrolera que el maestro Chuck Berry fundamentaba en el blues.

En cambio, las primeras bandas con las que se estrenó en directo (The Like, The Village Vanguards y The Shilos) seguían el patrón del revival folk de formaciones como The Kingston Trio, por tanto también vivió integrado en esa época del Greenwich Village de Dylan y Baez en la que tanto los giros y las armonías vocales, como el lirismo y poesía de las letras eran fundamentales.

The Shilos, una de las primeras bandas de Gram Parsons
The Shilos, una de las primeras bandas de Gram Parsons

Añadamos a la fórmula que como chaval criado en el sur, con todo lo que ello conlleva, también sentía una gran pasión por el soul de figuras como Otis Redding y William Bell, de ellos adquirió la honestidad y la verdad de su interpretación en las versiones campestres de tantas baladas de desamor e infidelidad que fue dejando a lo largo de su carrera.

Pero no fue hasta que vió a Merle Haggard en directo que no cayó embelesado por un estilo, el country, que hasta ese momento no le había despertado ningún interés. Aquel momento fue el punto de inflexión. Y con él vinieron otros a completar el mapamundi de sus influencias fundamentales, como Buck Owens con sus Buckaroos.

A partir de ese momento, Gram Parsons fue abriendo este nuevo camino tras la denominación Cosmic American Music que el mismo acuñó, acercando el pasado al presente y viceversa. Su impronta desencorsetó el género en ambos sentidos a pesar de ser despreciado por figuras como precisamente su amado Merle Haggard.

Portada de Sleepless Nights el disco firmado como Gram Parsons/The Flying Burrito Bros (1976)
Gram Parsons/The Flying Burrito Bros. – Sleepless Nights (1976)

Hacia adentro, la tradición, con su mirada desprejuiciada hacia el country clásico de Nashville, el sonido eléctrico de Bakersfield y hasta el folk revival de Greenwich Village, punto de anclaje para una nueva generación de artistas de corte más tradicional. Y hacia afuera llevándolo hacia el rock, el soul, el gospel y el blues, calando a través de los años entre los jóvenes artistas que empezaron a ver el country como un estilo más que solvente y flexible en el que fijarse a la hora de expresar sus inquietudes.

…ligero, etílico, de bar de carretera de tercera comarcal, de una total desidia llevada con extraña luminosidad, como un día libre sin nada que hacer, como una noche de insomnio sin la amenaza de la madrugada…

De la reseña de Sleepless Nights en Exile SH Magazine

Reseña de Grievous Angel, 50 años de su disco póstumo

Hoy me siento a dedicar unas palabras a nuestro ángel caído para conmemorar el 50 aniversario del disco Grievous Angel. Una excusa como otra cualquiera para traer de nuevo a Gram Parsons a esta ventana musical. No es el único póstumo, ya reseñé el desconocido Spleepless Nights que precisamente contiene tres tomas inéditas que no se incluyeron en este disco. Cabe apuntar que dicha obra póstuma ya supera en cantidad a su obra en vida entre directos inéditos, antologías y grabaciones perdidas.

Hablar de este disco es hacerlo también de ‘GP’. Hay quien dice que analizados objetivamente, ‘Grievous Angel’ es ligeramente inferior. Cosa de la que no estoy de acuerdo. Digamos que quizás da la impresión, según dice algún pejiguero experto, de que se tuvo menos cuidado en la producción, o tal vez los implicados ya sabían de qué iban unas sesiones de grabación en ocasiones un tanto caóticas, que le pregunten a Mick Jagger que un año antes le echó de la guarida de Nellcôte, todo sea dicho, receloso por cómo acaparaba la atención de su compañero Keith Richards. Su impronta dejó en algunas de las canciones más míticas de los ingleses.

Pero precisamente esa pequeña diferencia me hace este disco irresistibemente auténtico y real, le da carácter. Es más, Reprise ya tuvo a bien editar en 1990 una edición conjunta de ambos discos, y ya por recomendar, para aquel que quiera profundizar y deleitarse en este periodo, es imprescindible ‘The Complete Reprise Sessions’, la verdad es que ambos discos maridan a la perfección cuál cara A y B. La diferencia es tan mínima que casi es imperceptible.

De entrada ya aseguraba una gran solvencia musical tener a músicos de la talla de James Burton y Glen Hardin de la banda de Elvis, guitarra y teclados respectivamente, Byron Berline al violín y a Al Perkins a la pedal steel, todos ellos repetían. También se unió Linda Rondstadt, incluso Bernie Leadon fundador de los Eagles, grupo que sí que sacó rendimiento al invento. Ni que decir que la joven Emmylou Harris, alma gemela de Gram Parsons, también debe ser reconocida por lo significativo de su aporte, omnipresente en todo el disco a excepción de una de las tonadas. Además aparece su nombre destacado en la contraportada, otra artista que merece constar también en todos los libros de historia.

En este disco queda más que demostrada su finura a la hora de componer canciones a considerar canónicas de la cósmica americana como la favorita de la vida ‘Return of the Grievous Angel’, adaptación del poema de Tom Brown quien a su vez lo escribió pensando en que fuera interpretada por Parsons.

No menos importante que las reinterpretaciones de otros autores que pueden hacer olvidar las originales o al menos llevarlas a otros lugares desconocidos, como por ejemplo ‘Hearts on Fire’, historia de infidelidades que Emmylou Harris y Gram Parsons hicieron suya para siempre, al igual que ‘Love Hurts’, uno de los momentos más conmovedores en toda la discografía del artista y que según que días, por la emotivividad que transmite, considero superior a las respectivas versiones de The Everly Brothers y Roy Orbison.

Pocas veces la conjunción de dos voces me han conmovido a este nivel, y bien es cierto que nunca se demostró que fueran pareja, de hecho siempre desmintieron que hubiese existido un contacto físico a ese nivel, su amistad iba mucho más allá, pero es que escuchando estas canciones y la química entre ellos podría aseverarse que cada vez que estos dos ángeles caídos cantanban juntos hacían el amor.

Las pocas reticencias que puedan existir como para no situar Grievous Angel a la altura de su anterior disco quizás también nazcan del hecho de que muchas de estas canciones eran descartes, como ‘Brass Buttons’ de su primera época de cantautor acústico en el Village y ‘$1000 Wedding’ de su paso por los Byrds, o la festiva ‘Ooh Las Vegas’ que debió entrar en ‘GP’.

Portada de greivous Angel, el disco póstumo de Gram Parsons
Gram Parsons – Grievous Angel 1974

Eso, junto con el directo simulado en el Medley titulado ‘Live from Northern Quebec’ con las canciones ‘Cash on the Barrelhead’ de los hermanos Louvin y la grandísima y ya conocida ‘Hickory Wind’ ya grabada en el Sweetheart. Menudencias, cada una de las interpretaciones, propias o ajenas, no hacen más que ratificar su estatus de grande de la música.

La plegaría final ‘In My Hour of Darkness’ co-escrita a medias con Emmylou Harris parecía anunciar el fatal desenlace meses después. Una tonada escrita como tributo a amigos recientemente fallecidos. Cada una de las estrofas hace referencia a cada uno de ellos, respectivamente Brandon DeWilde, con el que grabó una primera versión de ‘Hickory Wind‘ en tiempos de la International Submarine Band sufrió un fatal accidente de tráfico; Clarence White, compañero en los Byrds fue arrollado por un conductor ebrio, una muerte que le conmocionó especialmente, en su funeral interpretó ‘Farther Along’; y Sid Kaiser, quien le suministraba material fungible de alta calidad y que murió meses antes por sobredosis.

Dicen que antes de partir, uno se siente acompañado por los seres queridos que ya nos están, y quizás con esta tonada, un Gram Parsons ya por esos días bastante perdido y ajado, entendía que la parca llamaba a su puerta. Imposible no sentir un escalofrío cada vez que le escucho entonar esta canción acompañado por las armonías de Linda Ronstadt y Emmylou Harris.

A Gram Parsons aún le quedaba un camino artístico tan largo que pensarlo resulta sangrante. Todo, absolutamente todo lo que hizo desde la Internacional Submarine Band hasta Grievous Angel, y más allá con todas las grabaciones inéditas que fueron apareciendo posteriormente, son dignas de mención en el Olimpo de la música moderna. Una de las discografías más influyentes de la música popular del s.XX, aunque no sean conscientes muchos de los fans de los grupos que han sido influenciados por él o cualquiera de las bandas y discos en los que ha dejado una huella imborrable. Nos queda su música para celebrar y disfrutar. Por siempre Gram Parsons, el ángel del dolor.


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