Reseña y crítica sobre Jim Jones All Stars y su álbum ‘Cat Fight’, publicado en 2026.
… resulta un paso firme y decidido en ampliar la paleta que succiona tanto de los pioneros del rock and roll como de la crudeza del garage, de la sensación contagiosa del groove y del soul más repleto de garra, sudor, sensualidad, poderío y emoción…
Han transcurrido tres años desde el fabulosísimo «Ain’t No Peril» y tengo la misma sensación respecto a Jim Jones, la de un reconocimiento insuficiente de un fenómeno con un bagaje artístico como pocos. Eso sí, los que valoramos el mérito de su trayectoria (Thee Hypnotics, Black Moses, Jim Jones Revue, Jim Jones And The Righteous Mind), la grandeza de sus directos y la magnificencia de sus últimas publicaciones como Jim Jones All Stars, lo tenemos en un altar y ahí, en lo alto del púlpito, divisando a los demás, es donde nos sigue impartiendo su catedrática visión del rock and roll de sustancia y de casta.
En «Cat Fight» no se aleja mucho del susodicho antecesor de estudio ni del más reciente álbum en directo «Get down ~ Get With It» de 2025, al menos en el conjunto, pero sí que resulta un paso firme y decidido en ampliar la paleta que succiona tanto de los pioneros del rock and roll como de la crudeza del garage, de la sensación contagiosa del groove y del soul más repleto de garra, sudor, poderío, sensualidad y emoción. Además, el álbum está producido por Chris Robinson de The Black Crowes que, supongo, habrá influido en algunos detalles, pero el valor y el gran amasijo de virtudes me parece que es incontestable y se halla en el artífice de sus composiciones.

Para colmo, además de estar acompañado de Gavin Jay al bajo, Elliot Mortimer a los teclados, Carlton Mounsher a la guitarra, Aidan Sinclair a la batería, Ali Jones a los coros y Stuart Dace y Tom Hodges en los saxofones, ha contado con el antes mencionado Cuervo Negro y Gloria Jones en la voces, así como con el gran Chuck Prophet a la guitarra.

La ardiente y tórrida «Make It Rain» abre el disco y, cual si fuera un hipnótico y voluptuoso predicador, sentimos la irresistible sensación de que nos está excitando mientras nos evangeliza e impregna de su ritmo, incluida la calidez funk cuando asalta el saxo y parece que nos transporte a un film de acción y suspense. Todo ello se incrementa aún más en «Exiled», el soberbio tema donde abre el corazón para sentir el aguijón y donde se desbordan los sueños en la que, unas semanas antes, con su vigoroso y apasionado soul, nos advertía sobre lo que se avecinaba.
Lo de «Born 2 Ride» es, luego, interplanetario con esa sección de vientos y esa sensación de hallarnos en pleno acto sexual, en la incertidumbre de una huída o, acaso, en una aproximación a zonas pantanosas de erotismo. Después, el fogoso evangelizador y sus apóstoles en los coros lo dejan todo calcinado en «I’m On Fire», entre el doo wop, el gospel, el boogie, el rhythm and blues y el rock and roll más extravagante y cavernario.
Y llegamos al tremendo «Goin’ Higher» donde toma el control del acto, con los labios, las caderas y las manos contra la pared en la que fue, realmente, el primer anticipo del disco un año antes y que es una auténtica locura de rabia, furia y fuzz con la que, inevitablemente, tenemos que acordarnos del proto-punk y de bandas como MC5. Cual si nos fuéramos a las antípodas y, a modo de tregua, aparece «Bekolah» para sumergirnos en otro mundo también desinhibido, sensual y placentero, un festín de los sentidos entre aires orientales, tés de menta y postres tradicionales.
La tralla y la crudeza sónica se recupera con «Cat Fight». En el tema que da título al álbum parece como si la intriga y la emoción de una peli sixtie nos convirtiera en sus protagonistas, aunque en realidad sea el ritmo de una felación. Ahonda más sobre ello en «Gashman», bastante inclasificable en su desarrollo, pero de las que llegan al alma y al corazón en sus mutaciones. Más claro, más gospel, más beber hasta dejar seco, más liberación mental, más padrino del funk es la fascinante «Drink Me».

En la recta final, «Chubby» es funk cremoso y lúbrico con un crescendo de esos que deberían enmarcarse y recordarse por los siglos de los siglos si la justicia musical volviera a existir. En ese punto de excitación llega «Luv U», qué barbaridad, qué ritmo, todo temblor y frenesí y qué bien arreglada que está entre el saxofón y los teclados. Las ganas de menear el esqueleto son inevitables, algo que también sucede en ese colofón que es «Let U Go», con el piano recordando los inmortales momentos de Jim Jones Revue.
Al acabar sus más o menos cuarenta y cinco minutos de adoración al rock ‘n’ roll más genuino y lascivo es cuando nos damos cuenta que hemos salido ilesos del suspense constante y que son lógicas las ganas de volver y repetir audiciones. Ahí también es cuando volvemos a saber una vez más que Jim Jones lo ha vuelto a hacer y que para los suficientes será uno de los grandes discos del año, de esos que no nos queda otra que estar agradecidos y por el que estar atentos y ansiosos sobre una posible gira de presentación en directo.
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Habra que escucharlo. En los ultmos años no ha bajado el piston en absoluto aunque yo sigo teniendo cierta debilidad por The Savage Heart. Saludos,
Sí, no baja el pistón, tocayo. Aunque no desmerece ninguna, para mí también es su mejor obra «The Savage Heart» cuando eran Jim Jones Revue. Abrazos.