The Afghan Whigs publican su décimo disco de estudio sin que el tiempo consiga borrar el brillo de su legado.
…»Soft Control» insiste en la historia sonora de la banda: se reiteran los entornos envolventes y oscuros, con muros sónicos exuberantes y corrientes que giran como una tolvanera.
Es inevitable que el paso del tiempo lleve asociada una acción de desgaste sobre lo nuevo, lo impoluto, lo vanguardista. En el arte, este proceso erosionante, en ocasiones, termina por desfigurar el retrato primigenio hasta el punto de que éste pierda su esencia, o que los contornos que le dan forma, dejen de tener la trascendencia que prometían el día de su primer impacto.
En la música sobran los ejemplos, obras o artistas cuyo duende ha terminado marchitándose hasta llegar a la más absoluta irrelevancia, o en el mejor de los casos, a proyectar una imagen anacrónica o añeja, aunque ésta aguante el tirón gracias a una sensación de nostalgia que hace que, aunque desinflada, su prestancia mantenga cierto vigor.
Con The Afghan Whigs no ocurre nada de esto, podríamos citar sus grandes obras de los noventa para establecer injustas comparaciones, y seguramente no saldría ganador este excepcional «Soft Control» que acaba de ver la luz y que hoy vamos a comentar, pero les aseguro que en ese duelo hipotético, los Afghan Whigs de 2026 plantarían férrea batalla.

Pero, obviamente, no será aquí donde testemos canciones y discos separados en el tiempo por tres décadas y un millón de circunstancias que orbitan sobre todos estos años, y que han actuado, modificando tanto a los creadores de los discos, como a la parroquia que ha seguido a estos durante este tiempo.
Greg Dulli mantiene intacta la épica en el carácter de su fraseo y el heroísmo verista en el color de su timbre vocal, y mientras esto resista, resistirá la esencia intrínseca de The Afghan Whigs.
Por lo demás, «Soft Control» insiste en la historia sonora de la banda: se reiteran los entornos envolventes y oscuros, con muros sónicos exuberantes y corrientes que giran como una tolvanera. Se sigue mirando al rock heredero del indie alternativo, al soul y al rhythm & blues, pero con un hechizo especial que embruja al oyente y que crea la marca oficial de la casa.
Aparecen vientos, coros fantasmagóricos, teclas que aportan sofisticación, guitarras que rugen con turbación y las melodías suntuosas y vibrantes de siempre, con ese aspecto trágico que tan bien sabe administrar Dulli en sus composiciones y la expresividad generosa de acentos dramáticos que imprime su voz y que supone, al fin y a la postre, el sello que hace de The Afghan Whigs casi una denominación de origen estilística.
Desde los primeros latidos de este disco, con el adelanto de algunos temas como la soberbia y rutilante «The house of I», la bucólica y nocturna «Duvateen» (pinchar) o la excelente pieza, dotada de carácter tanto de inmediatez como de eternidad, titulada «My lover» (adelanto Exile), ya se intuía que The Afghan Whigs habían vuelto (una vez más) o construir un disco excepcional, con la aguja de su brújula apuntando hacia el punto cardinal de su sonido de siempre, conscientes del impacto que causa el paso de las décadas, pero burlando una vez más el curso erosionador y cruel de la lijadora del tiempo.
Podemos certificar lo dicho apuntando otros temas, en mi opinión incluso superiores a los comentados, como la inicial, entoldada e incluso lúgubre «Jungle roux»; el determinante paso por la balada introvertida y cruda que es «The deepest part of the darkest shadow»; el folk-rock de tono sureño y pantanoso (¿Recuerda a los primeros Drive-By Truckers?) «Mariah Luster» o la intensidad crepuscular de la perfecta «Memphis, Texas»…
El tiempo se tiene que conformar con acariciar la superficie ya no tan lozana de Dulli y los suyos, pero el brillo que otras veces se vuelve opaco y ocre con el frotamiento, se torna broncíneo y sedante cuando actúa sobre la piel de las canciones siempre exclusivas de The Afghan Whigs. Ya no estamos en los noventa, aunque en este caso, no parece importar demasiado.
- The Afghan Whigs – «Soft Control» (2026) - 7 de septiembre de 2026
- Nato Coles and The Blue Diamond Band – ‘Join us for a few’ (2026) - 17 de agosto de 2026
- Oscar Avendaño & Reposado – ‘El huevo de la serpiente’ (2026) - 6 de agosto de 2026