Críticas Discos

Si algo no me gusta en algunas reseñas musicales es la afirmación rotunda de algunos periodistas cuando sueltan a la ligera frases del tipo ‘Es el nuevo… ‘. A Ryan Adams le pasó con «Heartbreaker», más de un insensato le etiquetó al instante como ‘Es el nuevo Dylan!!!!’, suele pasar que al primer songwritter que se cuelga una guitarra acústica y/o tiene cierta fluidez en los textos se le cuelgue de inmediato el San Benito, le pasó a Springsteen en los 70, le pasó a Tom Petty en los 80, casi todos los años pueden oirse adjetivos similares, ¡Que Dylan aun está vivo!. De acuerdo, recibe una notable influencia de Dylan en algunas de las canciones, pero de la misma manera también de los Rolling Stones, y de los Beatles.
Decidme ¿a quien no le gustaría tener el corazón roto con la compañía que trae el de Jacksonville?: Gillian Welch, Emmylou Harris, Kim Richey, Allison Pierce, una buena corte de acompañantes, un perfecto harén country, donde bulkas y turbantes se sustituyen por botas camperas y chorreras por doquier, y con la inestimable ayuda de un muy buen grupo de instrumentistas, Ethan Johns, quien además se encarga de la producción, a destacar Dave Rawlings, excelente músico a reivindicar por donde quiera que pise y con quien comparte la autoría de «To Be Young». También le acompañan Pat Sansone, ahora en Wilco, y  por supuesto, remarcando a Gillian Welch que aporta aporta su buen hacer en las cuerdas y su inlfuencia del folk de los Apalaches. Heartbreaker es más que un disco en solitario, resulta más una colaboración, un respaldo como Welch y Rawlings confiere profundidad y solidez con un toque de azúcar glassé por parte de Ethan Johns, una retaguardia que marca la diferencia.

La garantía de calidad: Gillian Welch y Dave Rawlings, grandes.

Su proximidad a las listas de éxitos volvió a traer a primera línea a la música más tradicional de raíces americanas que ya contaba con notables valores como quienes le acompañan, Welch y Rawlings. Pero esa pose de niño malo, ese aspecto grunge-country hacia más atractiva su propuesta, un reclamo que le valió una legión de fans quinceañeras con las bragas listas para mojar.
Aun así no deja de ser un disco perfectamente disfrutable desde el primero hasta el último minuto, y a pesar de no ser el pionero en estas lides de balada acústico-intimistas, en absoluto…, puede considerarse un «Blood On The Tracks» adolescente que además creó escuela en los jóvenes que durante la siguiente década llenaron las discográficas de nuevos singer-songwritters con el corazón en pedazos, más descabellado fueron algunos periodistas que en vez de «nuevo Dylan», empezaron con la denominación «nuevo Ryan Adams», aún sucede.

La cuarta pata de la mesa: Ethan Johns, el hijo de Glyn,
herencia familiar.

Lo primero que asoma en el disco es una conversación jocosa con Rawlings discutiendo sobre qué LP de Morrisey contiene la canción Suedehead, si Bona Drag o Viva Hate, Adams bromea con acento inglés, se descojona, da paso así a «To Be Young», un cruce honky-tonk con rockabilly, ese ritmo trotón y la guitarra limpia y clara me recuerda a los primeros Stones y al «Bring it all back home» de Dylan. En esa línea «Exile» con rockabilly se encuentra también «Shakedown on 9th Street» con Gillian en el papel de Lucy. Dos canciones que en lo musical marcan la diferencia con el resto. «My Winding Wheel» tiene ese toque folk-rock que tanto ha exprimido y que tan bien le sale. Por este tipo de tonadas se ha llevado más de una vez el galardón al ‘nuevo Dylan’.

Pero no todo es influencia Dylan, canciones como «Amy» tienen un toque Beatle delicioso, ese dulzor especial tan familiar de las baladas Lennon / McCartney de su etapa post «She Loves You». Apuntar que Amy es el nombre real de la chica gracias a la cuál disfrutamos hoy de este disco. Y oh! «Oh My Sweet Carolina», uno de los puntos álgidos con Emmylou Harris, Ryan Adams no es Gram Parsons, pero ni falta que le hace, su interpretación es sincera y que decir de la intervención de la Harris, buf, hace subir los enteros como la espuma, ésto es auténtica morriña, perfecta melancolía de sus raíces ¿quien no quisiera ser de Carolina con canciones como ésta?.

Y la evidente influencia del folk de los Apalaches que le aporta Gillian Welch en «Bartering Lines», fenomenal, Ryan Adams no ha vuelto a rozar tal perfección folky en su carrera posterior. «Call me On Your Way Back Home»es brillantees dulce y es triste a partes iguales, bendita tristeza la de esta balada para hacerle más difícil a Amy la marcha, Ryan se arrastra con clase, se resiste a dejarla ir, pero ni esa armónica la hace cambiar de opinión, ya no volverá. «Damn, Sam (I Love a Woman that rains)», de nuevo la sombra de Dylan en la caída de los versos. Éste tema tiene chicha, sarcasmo sospecho, supongo que entendió hasta que punto su ex ejercía algún tipo de control ‘maldita sea, Sam, estoy enmorado de una chica que llueve’, cachondo el tío.

Y continúo con «Come Pick me Up», esa harmónica te corta en dos, y fijaros en la utilización tan poco country del banjo (y copiado hasta la saciedad), es capaz de transformar un mala experiencia en algo realmente poético, ‘desearía que lo hicieras, ven a recogerme, sácame por ahí, fóllame, roba mis discos, tírate a todos mis amigos que son todos unos mierdas con una sonrisa en la cara, y hazlo de nuevo’ bueno, bueno… la chica es de armas tomar, ha dejado al chaval echo un trapo. «To Be the One» y «Why Do They Leave», la botella de whisky vacía, el recuerdo mata, las pastillas lo aplacan momentaneamente, pero no es suficiente, esto anda mal. «Don’t Ask for the Water», versada de vuelta y vuelta de los que clava Lucinda, como ella, sabe sacarle partido a los acordes y no dejarlos escapar con ese riff de armónica final cogida directamente de Nebraska.

Si alguien aún duda del valor lírico de sus letras que se repase «In My Time of Need», esta canción me mataguitarra y voz, el buen hacer de Welch en la segunda voz y el banjo, no hace falta más, el muy cabrón es un intérprete como la copa de un pino, sabe como encarar el tono y timbre para meterte en la historia, hasta Joan Baez ha cantado una versión en sus conciertos no me extraña, como en Bartering Lines, personajes al límite de sus posibilidades, el consuelo es importante. Llega el momento de la cura, pero con algo más que sustancias legales, el final del disco y el principio de lo que vendrá después, en «Sweet Lil Gal» haciendo de Lennon, piano y voz, observa desde el Chelsea Hotel la esquina de la veintetrés con la primera, ¿espera a su dealer? es su I’m waitng for my man, a la espera de probar otra sustancia que le haga olvidar, o quizas una prostituta que le acompañe un rato, empieza el desecenso a los bajos fondos y empieza el olvido.

Ya… lo sé… sólo habrá por siempre un rey de los corazones solitarios, aunque Ryan se acerca bastante a Roy Orbison en estos menesteres de loneliness y abarca muy bien en estas quince canciones todos los sentimientos y emociones que soporta un corazón roto y abandonado, en este caso roto por Amy quien le dejó y propició este magnífico disco, ya lo decía mi abuelo, no hay mal que por bien no venga, y como Soria le quedaba un poco lejos, mejor el Chelsea Hotel para encontrar la soledad y dejar que el tiempo haga de betadine. Disco de despecho, de suplicar otra oportunidad, de desolación ante el abandono, está hecho para coger la botella de whisky y bebérsela de una sentada, no para olvidar, más bien para recordar y revolcarse en el fango, así es, la banda sonora perfecta para el broken hearted.

Ryan Adams – «Heartbreaker» (2000) 
9/10
1.- (Argument With David Rawlings Concerning Morrissey)/ 2.- To Be Young (Is To Be Sad, Is To Be High)/ 3.- My Winding Wheel/ 4.- Amy/ 5.- Oh My Sweet Carolina/ 6.- Bartering Lines/ 7.- Call Me On Your Way Back Home/ 8.- Damn, Sam (I Love A Woman That Rains)/ 9.- Come Pick Me Up/ 10.- To Be The One/ 11.- Why Do They Leave?/ 12.- Shakedown On 9th Street/ 13.- Don’t Ask for the Water/ 14.- In My Time Of Need/ 15.- Sweet Lil Gal (23rd/1st).


3 respuestas

  1. Aunque al año siguiente triunfó con "Gold" y de qué manera (qué disco!), este sigue siendo mi favorito de Ryan. Una maravilla que nunca caduca. Gran post que le hace justicia al disco.

  2. Enorme disco si señor, aunque yo soy más del Gold que fue el disco con el que le descubrí, pero al poco me hice con esta joya total. Buen post amigo Chals.

    Abrazos truferos.

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