Discos Críticas

Will Johnson ya hace años que dejó de separar en proyectos diferentes sus dos vertientes, la más rockera y la más folkie. Con Wire Mountain, tercer disco en solitario desde que su banda de siempre se separara, constata su buen momento artístico y reafirma un estilo propio donde la americana se conjuga a la perfección con la pulsión indie-rock.

Will Johnson pertenece a esa clase de artistas que aguantan el paso del tiempo transitando carreteras secundarias, ajeno al mundo y fiel a su estilo, confesiones de un moderno Townes Van Zandt, compañero de cabilaciones de Jason Molina, artista por el que siempre he sentido una gran debilidad.
El cantautor de Austin ha firmado obras a considerar de lo mejor de las últimas décadas, por ejemplo Navigational con Centro-Matic y The Carlton Chronicles con South San Gabriel. No me quedará por recomendar uno de mis favoritos de la vida: Fort Recovery, ni por supuesto el homenaje a Woody Guthrie titulado New Multitudes junto a Jay Farrar, Jim James y Anders Parker, una maravilla que pasó ciertamente desapercibida. Su prolicidad le ha llevado a publicar más de treinta discos en tres décadas. Equivocadamente consideraba un tanto erráticos los primeros aportes firmados en solitario al margen de las bandas que lideraba, ejercicios de introspección extrema que no faltos de calidad. Recuperé el pulso y la pasión por la música de este artista gracias a  Hatteras Night, A Good Luck Charm (2017), reseñado aquí por Nikochan y dentro de los discos destacados del Exile de final de año. Así como no haber prestado atención en su momento a Swan City Vampires (2015) es una de las espinas clavadas que más dolor me inflingen aún. Magnífico.

Wire Mountain también será un destacado este año en el Exile, y no sólo por mi debilidad con este artista, además porque en este séptimo disco en solitario ha alcanzado el equilibrio perfecto entre sus dos vertientes musicales. Tercer disco de una nueva etapa desde que Centro-Matic se separara, tres portadas que guardan cierta unidad retratando paisajes alejados del tumulto, solitarios, que encierran belleza estática, introspección y silencio. En el trasfondo si bien Hatteras contenía algunas de las postales más agradables, aquí en esta montaña de cables, Johnson aparece mascullando en un tono más oscuro como hacía tiempo que no hacía. La pulsión centromática se abre paso en las piezas iniciales, sobretodo en la cruda Necessitarianism, en A Carousel Victor da espacio a la eléctrica consiguiendo un híbrido entre la confesión de Townes y la guitarra sin destilar de los Crazy Horse. A destacar Cornelius, una de las canciones que más me han atrapado el año en curso, me hace recordar a mi querido Jason Molina con sus magnolias eléctricas y me lleva a los discos de principios de milenio cuando la etiqueta alt-country aún podía darnos referencias discográficas originales.

Johnson es un maestro en el arte de la canción folk capaz de capturar emociones como si fotografiara paisajes, A Solitary Slip es buena muestra de ello, el feed de la guitarra deja su espacio a una tímida lap steel que convierte la tonada en letanía sonora. Y es que ciertamente Will Johnson además de tener en su haber alguna que otra banda sonora, tiene en la pintura una de sus pasiones y parece conjugar ambas en dos instrumentales, Chimera  que pone en el centro una guitarra árida y polvorienta, y (You Were) Just Barely You que cierra el disco en tono más fílmico dando el protagonismo al piano. En la mística Need Of Trust And Thunder acompañado tan solo de acústica y piano, su voz rasgada y suave, cargada de melancolía, funciona por si sola para evocar estados de introspección placentera, es una de sus grandes bazas que nunca faltan en sus discos.

Will Johnson ya hace años que dejó de separar en proyectos diferentes sus dos vertientes, la más rockera y la más folkie. Con Wire Mountain, tercer disco en solitario desde que su banda de siempre se separara, constata su buen momento artístico y reafirma un estilo propio donde la americana se conjuga a la perfección con la pulsión indie-rock. Vuelvo a ser fiel a una de las maneras de hacer música que mejor me define. Un favorito.

Por Chasl Roig


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