Joni Mitchell - Blue (1971)

Especiales Críticas Discos

50 años del disco de papel de celofán, Blue de Joni Mitchell, su obra maestra a flor de piel.

Es tan inmenso este Azul, ésta confesión auténtica de vulnerabilidad, que por sí mismo y sin quererlo inauguró una nueva forma de llenar pantanos de lágrimas de gozo y tristeza…

«Te quiero champunear» (dar champú, se entiende) ¿hay verbo comprimido en inglés más precioso para expresar el deseo?

La genio de Saskatoon (Canadá) se quedó en pelota picada en un disco tan trascendental como humano, tan contradictorio como verdadero, creando un estándar perpetuo de medición para cualquier aproximación- y mira que las ha habido desde entonces y no solo en clave femenina, de llevar al arte de la canción la sutil amalgama de sentimientos que surgen de viajar, volver a ilusionarse, echar de menos, decepcionarse para, de nuevo y sin remedio, caer enferma de amor.

Blood On The Tracks no existe sin Blue, no me cabe la menor duda, y me gusta pensar que no he soñado que en algún apunte o entrevista el viejo bardo de Minnesota reconoció que el «Blue» del «Tangled Up In…» no se refería a la tristeza, como curiosamente se tradujo en la edición española del álbum, sino al disco de la rubia canadiense, del que como nos pasa a casi todos por temporadas Bob se quedó enganchado, prendado con sus acordes abiertos.

Se dice en los mentideros que le llamó a la Joni por teléfono para que le explicara esas caprichosas afinaciones y ella le contestó que lo único que había que hacer con la guitarra era empezar a tensar la sexta conforme al latido concreto que sintieras dentro de tu corazón según ponías la cafetera en marcha.

50 años del disco de papel de celofán, Blue de Joni Mitchell, su obra maestra a flor de piel.
Joni Mitchell

Son infinidad las expresiones con las que su propia autora ha definido las sesiones de grabación de Blue en la que trataba de evitar intrusos ya que al mirarles rompía a llorar. Se sentía como el papel de celofán de las cajetillas de cigarrillos,

Será casualidad o no pero la semana pasada tras un viaje para visitar amistades a las que separan algo más de 800 kilómetros y salir por fin de ese infierno oscuro que ha sido la cuarta ola del Covid en mi ciudad, con récord de cierres perimetrales, me dio una llantina incontrolada producto de muchas cosas que no viene a cuento contar.

Tras ese día extraño y de desahogo- llorar es tan bueno como reír a carcajadas-no he hecho otra cosa que escuchar el Blue, de manera compulsiva para tatuarme de nuevo en el alma como cantaba Charlie Rich que la vida consiste en pequeños subidones y bajones de moral. Eso es exactamente lo que te enseña el Blue, se pueden mantener cotas de hermosa dignidad existencial pese a todo siempre que la salud no te juegue una mala pasada. Y si te la juega, como diría Warren Zevon, disfruta cada sandwich.

Al igual que también aprendes con Blue que enamorarse, tal y como está basado en nuestra civilización occidental, se trata de creer a pies juntillas esas «pequeñas mentiras bonitas» dichas al calor del amor en un bar. También que con poco ornato, una guitarra y poco más, pero mucha verdad puedes bucear a profundidades marinas barrocas toda vez procesas esos silencios entre estrofas como historias paralelas de ésta auténtica obra maestra del «songwriterismo». Un dulcimer con sus cuatro cuerdas, una voz perfectamente entonada pero rota de presencia, unos versos tan sublimes como:

Oh, I could drink a case of you darling
Still I’d be on my feet
I would still be on my feet

Y ya que tenemos la pelota en nuestro campo responderemos con la volea perfecta conforme a la situación que estemos experimentando en ese preciso momento del partido.

Es tan inmenso este Azul, ésta confesión auténtica de vulnerabilidad, que por sí mismo y sin quererlo inauguró una nueva forma de llenar pantanos de lágrimas de gozo y tristeza, dulces y amargas y por supuesto, femeninas en el sentido de la mujer moderna, libre y poderosa. No olvidemos que justo lo acababa de dejar con Graham Nash y ella estaba prendada del inglés pero el amor se esfumo como nube de verano o un éxito de radio.

50 años del disco de papel de celofán, Blue de Joni Mitchell, su obra maestra a flor de piel.
Joni Mitchell y Graham Nash

Y qué canciones y menuda secuencia.

All I Want con un simple dulcimer nos revela los secretos que se descubren viajando solo/a. Directa hija de una mezcla curiosa en letra entre All I Really Want To Do/ She Belongs To Me del minesotarra) , donde va relatando a impulsos de su bellísima voz (está inmensa en Blue) lo que para ella es el amor, siempre basado en la libertad pero con el binomio «te odio»/ » te amo» juntos en un mismo verso.

Como ese sublime «no necesitamos los papeles del Ayuntamiento» (formalizar un casamiento) para tratar de prometernos verdad eterna o esa pérdida de la ilusión cuando por la ausencia del otro/a la cama y la sartén se te quedan demasiado grandes. Pura verdad en My Old Man con el único acompañamiento de su distintivo piano.

Y el trauma de dar en adopción tan jovencita a una hija no deseada de Little Green, ese secreto a voces que ha marcado su vida con una forma definitiva de excusarse en lo «verdes» e inmaduros de unos padres, casi unos niños, que de un polvo tienen la desdicha de quedarse preñados:

Call her green and the winters cannot fade her
Call her green for the children who’ve made her
Little green, be a gypsy dancer

Y es que Blue es experiencia y tratar de comunicar desde las profundidades del ser unas impresiones que parecen sencillos pero que hay que verbalizarlos de la manera correcta para que no resulte una impostura.

Ay el Essence de Lucinda Williams cuánto le debe al Blue.

Carey, la de Creta y las cuevas de Matala donde pasó el verano «in a chic hippie kind of way», cuenta su affaire con un tipo la mar de rudo pero que le tuvo poseída. Y esos aires y vientos africanos y europeos la sitúan al lado de su reconocido maestro compatriota Leonard. ¿Entendemos ahora como Dylan tenía que poner Tangier en una canción del BOTT? Ese triunvirato Bob/Len/Joni reúne todo el talento de su generación y su fascinación por Europa. Definitivamente , los reyes y la reina.

Que las canciones son tatuajes nos lo menciona Blue uno de los pilares del templo donde la temática marinera nos lleva al hundimiento:

Ink on a pin
Underneath the skin
An empty space to fill in
Well there’re so many sinking
Now you’ve got to keep thinking
You can make it thru these waves

Buff imposible mejorarle la plana. A pesar de todo debes pensar que tienes que surcar esas olas, como sea. Nick Drake quedaría prendado de Blue. Qué discos vendrían a publicarse los años siguientes tan Blue pero ninguno como él.

California es un primor de canción y nunca he escuchado el nombre de ese Estado con tanto matiz y tanta musicalidad. La añoranza de tu terruño, no es otra su temática. Y esa steel del Burrito Sneaky Pete suplica por un vuelo de vuelta a pesar de del garbeo bohemio por la vieja europa. Y también los miedos a que te acepten de vuelta, porque los cambios se notan cuando viajas, me lo van a decir a mi…

Donde los acordes abiertos son todavía más apabullantes y se ve llegar los dos siguientes discos de my sweet Joni es en la favoritísiva This Flight Tonight donde su guitarra Martin suena a tren de carga y se vierten versos-maravilla como:

Sometimes I think love is just mythical
Up there’s a heaven
Down there’s a town

La vida misma. El amor es lo que tiene, no dura, se transforma (en amistad) o se muere. El cielo es para los ángeles, como Joni.

Las tres últimas canciones de este disco ya cincuentón, que ya estaría vacunado por lo menos en primera dosis, son realmente para pensar que los milagros existen y que el amor a pesar de lo dicho dura eternamente, por lo menos en forma de canción.

River o la canción de los que la Navidad nos pone tristes y queremos escapar con patín , en moto o lo que sea de sus compromisos e imposiciones. Lo que se dice un clásico que si no te hace crujir es que eres más frío que un témpano.

La «no hay palabras de lo POM que es» y que al propio Prince prendó, A Case of You o mejor dicho, una de las 100 canciones del siglo XX que estalla en el centro del corazón provocando destrozos de metralla y definiendo la contradicción del amor utilizando como símil una caja de vino sagrado y sin efectos desestabilizadores etílicos justo como pasa con Blue, una melopea de afectos y

Y como dice el Señor Elvis Costello, como punto y aparte de un álbum punto y aparte, The Last Time I Saw Richard donde quiero pensar en Richard Manuel, me gusta hacerlo aunque se que a él no está dirigida: un alma especial que se encierra en el Grand Marnier para contar sus bonitas mentiras al dulce acorde de un Wurlitzer.

50 años del disco de papel de celofán, Blue de Joni Mitchell, su obra maestra a flor de piel.
Joni Mitchell 1971

El amor es tan dulce y empalagoso como el licor francés. These dark cafe days «when revolution was in the air»

Ustedes me entienden. Hablamos un poco en la clave los de la Secta del Blue. Lo sacamos en procesión porque ha cumplido 50 años y sabemos que mientras exista la corriente eléctrica para enchufar un aparato sonará por otros 500 millones de años igual de verdadero, de emocionante, de descarnado, de inspirador, de filantrópico, de femenino, de espectacular.

Confesando sus contradicciones, usando el estudio de diván, mi querida Joni forjó un manual de autoayuda esencial, una isla a la que nos vamos cuando estamos de llantina liberadora, para renacer y volver a flotar en el océano de nuestra incontinente subsistencia.

Joni siempre a su bola, siempre. Will you take me as I am? pregunta sin cesar.

Yes we will.

Por


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