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Reseña y crítica de ‘Pills for horses’, álbum publicado en 2022 por los guipuzcoanos Ramada Inn.

…pueden evocar a Shakey, pero sobre todo hay mucho del Dylan más eléctrico, de The Band, y de la onda americana más cercana a Tom Petty o a los Felice Brothers… 

Reconozco que me acerqué a este artefacto sonoro porque me picó muchísimo la curiosidad al leer el nombre de la banda y el título del álbum, con esos claros guiños al más grande —Neil Young of course—, por una parte en Ramada Inn —mi canción favorita del maestro canadiense en lo que llevamos de S.XXI—, y por otra ese “Pills for horses”, que parece una insinuación a Crazy Horse y al que fue su álbum número 32, el que este año cumple una década y que se tituló “Psychedelic pill”.

Las composiciones corren a cargo de Juan Valls, de quien había escuchado poco de su faceta en solitario. Para este proyecto, el de Oñati se ha acompañado de una serie de reputados músicos vascos como son Ander Etxaniz (bajo), Iñigo Ugarte (guitarra), Álvaro Turrión (teclados) y Mikel Marco (batería).

Pills for horses, álbum de los guipuzcoanos Ramada Inn.

A través de los ocho cortes hay fraseos de guitarra e historias cotidianas y rurales que pueden evocar a Shakey, pero sobre todo hay mucho del Dylan más eléctrico, de The Band, y de la onda americana más cercana a Tom Petty o a los Felice Brothers. 

Un cafe y una posible propina condensa la posible timidez en el cautivador arranque dylanita de “Cold enought to make to make a scene”. Sigue en esa línea, pero con una vertiente más de denuncia por xenofobia y maltrato policial en “Not all the cats are black”.

Los recuerdos sobrevuelan en las viejas historias de “Cutthroat”, y ahora se ven más agradables sus quejas, su mirada a lo Lee Van Cleef, o en los sueños de carretera de “Partly but fiercely gone”, aproximándose más al rubio de Florida en las intentonas de “Manzarek’s Garden” o en el juego de máscaras de “From Bunzeval to Voltaire”.

La vida y los cambios en el tiempo marcan la intensa balada “I’ll let you guess” y una “Wave me goodbye (if this world covers my eyes)” que resulta sumamente apropiada como despedida. Sí, algunas veces, como en esta ocasión, la curiosidad produce grandes gozos y satisfacciones.


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