The Black Crowes vuelven con un disco en el que tiran más de oficio que de talento.
…el disco no es sino un recorrido sónico y estilístico por los pasajes habituales en el grupo, con los Stones o los Faces en el fondo del tiro de cámara, las esencias sureñas, las pizcas soul, blues…
Tengo una extraña y no demasiado agradable sensación en este momento en que empiezo a escribir la reseña del último álbum de The Black Crowes, me explico: Creo que no debería ser así, pero parece que hoy me toca hacer de abogado del diablo.
El diablo se entiende que es la extraña pareja que forman los hermanos Chris y Rich Robinson, o así lo parece a tenor de las críticas vertidas por no pocos aficionados y miembros de la prensa especializada sobre el mencionado último disco de la mítica formación de Atlanta, que por cierto, se titula «A pound of feathers».

Tampoco será en Exile SH Magazine donde lean (al menos con mi firma al pie del texto) que el disco postrero de los Crowes es de lo mejor de su discografía (no lo es), pero tampoco seré yo quien declare cosas como que es horroroso, que es una puta mierda, que no he podido pasar de la segunda canción… en mi opinión, auténticas barbaridades que bastantes colegas, algunos en actitud muy ufana, han dicho públicamente.
Es evidente – y en parte comprensible – que los hermanos Robinson no caen bien, seamos claros, se han currado de lo lindo este parecer general respecto a ellos, pero de ahí a poner a parir un disco como «A pound of feather»…
Por lo demás, el disco no lo que es y no más: Un recorrido sónico y estilístico por los pasajes habituales en el grupo – cierto que han tirado bastante de oficio y de tablas, en detrimento del talento – con los Stones o los Faces en el fondo del tiro de cámara, las esencias sureñas, las pizcas soul, blues, country… En resumen, que tampoco han revolucionado su esencia ni se han embarcado en experimentos que puedan mutilar su estilo y con ello dañar su legado.
Las composiciones adolecen del tirón y del nervio de pretéritas ocasiones, pero la esencia está en muchas de ellas y no merecen tampoco que sean descalabradas verbalmente, escúchese por ejemplo el periplo sureño de «High & lonesome», el country de «Pharmacy Chronicles» o el rock stoniano de «You call this a good time?» o «Profane prophecy», sinceramente, no sé cuántas bandas a día de hoy presentan temas como estos de forma habitual y fluida.
Por contra, porque evidentemente hay un contra, «Blood red regrets» es un pestiche psicodélico sin demasiado fuste y «Doomsday Doggerel» un invento bastante poco venturoso para cerrar un disco que podía haberse limitado a diez temas (o incluso nueve) vaya.
En resumen, que nunca será marcado «A pound of feather» como uno de los discos que hayan contribuido a edificar la leyenda de The Black Crowes (diga lo que diga la revista Mojo) y entiéndase que este texto tampoco pretende lo contrario, pero de ninguna manera creo que sea merecedor de escarnio público, y más teniendo en cuenta que a otras leyendas mejor avenidas con la masa, se les da luz verde a prácticamente todo lo que publican, por muy flojo que sea. De una forma o de otra, está claro que los Crows no dejan a nadie indiferente y siguen marcando, de una manera u otra, el pulso del negocio.
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