Azkena-sábado 20 de junio

Conciertos

Crónica de la tercera y última jornada del Azkena con Social Distortion, Vandoliers, Jason Isbell…

Y con la jornada del sábado llegó a los corrillos un viejo fantasma que hasta esta tercera jornada no había gozado del habitual protagonismo que en otras ediciones ha tenido desde los primeros minutos de festival: El sonido.

Muchos se quejaban de que los conciertos sonaban bajo, que más allá de los metros delanteros con respecto al escenario, se escuchaba poco y por lo tanto mal, sin poder apreciar matices y sin la fuerza que, principalmente las bandas más rockeras, esta música necesita.

Y desde luego así fue. Yo disfruté casi todos los conciertos de la mitad del aforo hacia adelante, pero cuando me coloqué más atrás, comprobé que así era. El problema es que todos los asistentes no caben en el espacio comprendido en los primeros metros.

Vandoliers
Vandoliers

En cuanto a los conciertos del cartel, empezaron animando el cotarro, y a base de bien, Vandoliers, los texanos practican un country alternativo con esencias punk, actitud gamberra y fiestera pero también, principalmente en sus últimos tiempos, añadiendo a la ecuación un componente reivindicativo y combativo por los derechos LGTBI y también de carácter político y Anti-Trump.

A pesar de lo temprano de la hora, pusieron toda la carne en el asador y levantaron al público de la siesta. Venían con un EP recién publicado y titulado «Afterglow» del que interpretaron el primer tema del pase «Girl on the run» y otro corte titulado «Together we will sink or swim». Por supuesto también apareció su elepé publicado el año pasado titulado «Behind the bars» (reseña) al que dieron cancha con el tema homónimo y «Dead Canary», «Your picture» y «You can’t party with the lights on».

Su frenético álbum de 2022 «The Vandoliers» (pinchar) resonó con fuerza gracias a temas como «Howlin'», «Bless your drunken heart» o, ya en capítulo de bises, «Every Saturday night». Otros temas de tiempos pasados como «Botton dollar girl», «Cigarettes in the rain» o «Troublemaker» contribuyeron para el disfrute general, que culminó con la versión del clásico de The Proclaimers «I’m gonna be». No podía empezar mejor la tarde.

Superchunk
Superchunk

No me terminaba de ilusionar el concierto de Superchunk, sus últimos discos no me han enganchado, pero finalmente nos acercamos al escenario God para ver de qué eran capaces los chicos de Carolina del Norte.

Su rock alternativo gozó, dentro del formato de culto de un bien merecido prestigio en la década de los noventa. Al ARF llegaban con nuevo disco del año pasado «Songs in the key of yikes».

No se limitaron a reverdecer laureles y tocaron temas nuevos de ese disco como «Care Lees», «Stuck in a dream» y «Everybody dies». Si bien no faltaron sus clásicos noventeros como «For tension», «Skip steps 1 & 3», «Like a fool» o el terceto final con las celebradas «Slack motherfucker», «Precision auto» y «Hyper enough».

Superchunk demostró estar en buena forma, tanto en lo referente a su actividad compositiva actual como a su directo, pues el suyo fue un muy solvente concierto en el que compaginaron el ayer y el hoy sin que mediara entre ambas coordenadas ningún elemento diferenciador para mal.

The Bridge City Sinners
The Bridge City Sinners

Vuelta a Trashville, que la jornada del viernes no lo pisamos, para sudar y desprendernos de toxinas. El día anterior finiquitaron la fiesta con OCMS una cuadrilla de jóvenes que respondían como Bride City Sinners, el sábado les tocaba demostrar su valía en la lonja de Trashville, y ya lo creo que lo hicieron.

Actitud festiva, pero también reivindicativa: Otros que pidieron disculpas por el lunático y sociópata presidente que han puesto al mando del país y del mundo.

Country alternativo, bluegrass acústico con fiddles, banjos y contrabajo, una frontwoman, Libby Lux, que arrasaba en entrega, alegría y actitud, además de poseer una bonita voz y canciones que se fundían con el clima habitual de fiesta del Trashville, lo pasamos de coña y encima nos libramos de la tormenta que cayó fuera y de la que ni nos enteramos.

Social Distortion
Social Distortion

Uno de los platos fuertes del Azkena de este año era, sin duda, la actuación Mike Ness y sus Social Distortion. Debo decir que ha despertado cierta controversia, principalmente por la cualidad del sonido, muy bajo. Yo, que estaba bastante cerca del escenario no lo advertí, pero más de un compadre que se situó más lejos me ha dicho que sonaba bajo y se perdían matices y fuerza, una pena y habrá que abrir debate sobre esta circunstancia que empieza a ser común a todos los festivales, pero también a conciertos en otros entornos.

Una banda como SD tiene repertorio para pasarse la noche tocando, pero yo esperaba una buena representación de su último álbum, el extraordinario y ya reseñado en Exile, «Born to kill».

No cabe duda de que Ness cree en su último álbum y que para nada lo ha tratado como una escusa para girar, le dio gran protagonismo interpretando muchos temas del mismo como «Born to kill» (para comenzar el bolo), «Tonight», «No way out», «The way things were», «Partness in crime» y «Don’t keep me hanging on» (por primera vez en vivo).

Alusiones al lunático naranja por parte de Ness y más clásicos de los viejos tiempos: «The Creeps» y «Mommy’s little monster», regresando al medievo con su primer álbum de 1983.

Los gloriosos noventa que convirtieron a la banda en gigantes legendarios: «Story of my Life», «Ball and chain», «Sometimes I do»; cuatro temas del inmenso «White light White heat White trash» a saber: «Untitled», «Through these eyes» y dos pelotazos para dar carpetazo al bolo, a saber: «Dear lover» y «Don’t drag me down», que sonaron tras «Reach for the sky», este extraído del también estupendo «Sex, love and Rock ‘N ‘Roll» (2004).

Puedo entender que haya quien se queje del sonido, del setlist no lo entiendo tanto. Yo disfruté del concierto y eso que a lluvia volvió a aparecer, en esta ocasión para despedirse del personal hasta el año que viene.

Jason Isbell and The 400 Unit
Jason Isbell and The 400 Unit

La expectación que se respiraba durante toda la jornada, o más bien, durante todo el festival, con respecto al concierto de Jason Isbell and The 400 Unit era ciertamente grande, y yo me incluyo entre el grupo de expectantes.

Decir que el bolo de Jason Isbell cumplió con las expectativas sería quedarse corto, muy corto.

El pasado año, a rebufo de su divorcio, Isbell publicó un bucólico disco de temática acústica titulado «Foxes in the snow», de este trabajo sonaron dos temas en Mendizabala que supusieron dos momentos de auténtica excepción, por sensibilidad (de Isbell y de su extraordinaria banda) e intensidad, concretamente fueron los temas: «Bury me» y «Crimson & Clay».

También fueron instantes pletóricos de intensidad, belleza y las dosis justas de nostalgia los dos acercamientos a Drive-By Truckers con dos de los temas más reconocibles que dejó Isbell: «Decoration day» y «Danko/Manuel».

Y no es que el resto del repertorio bajase el listón, el listón no se movió de entre las nubes en todo el concierto. Un recorrido por su brillante carrera en solitario que no pudo ser más mágico y emocionante, gracias a un grupo de músicos pletóricos, diestros y perfectamente conocedores de los palos musicales que interpretan.

De su magnífico disco de 2023 «Weathervanes» (reseña exile) nos dejó el colofón «This ain’t it» y la preciosa «King of Oklahoma».

«If we were the vampires» desde otro gran álbum como «The Nashville sound»; y otros referentes de discos sin el concurso en su gestación de The 400 Unit como «Cover me up» de «Southeastern» (2013); «24 frames» de «Something more than free» (2015) o «It gets easier» del disco grabado junto a su exmujer Amanda Shires en 2020, fueron las piezas que formaron ese monumento sonoro de excepción que fue la actuación, absolutamente sublime, de Jason Isbell and The 400 Unit el día del señor de 20 de junio de 2026 en ARF (Gasteiz).

Hubo algo más, pero el agotamiento no permitía concentrarse en condiciones y es mejor dejar la crónica aquí. Al Azkena se va y punto, pero algunos años, el no ir podría considerarse una tragedia, pienso que este es uno de esos años, claro que siempre nos queda aquello de Ojos que no ven…

El año que viene volvemos, con el 25 cumpleaños del Azkena Rock Festival, se esperan grandes cosas para entonces.


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