Datura4 publica, bajo la comandancia de Dom Mariani, su sexto álbum en once años.
Hard-Rock de esencia Blues, sonidos inequívocamente setenteros, psicodelia y Boogie con algún ramalazo garagero escondido entre efluvios lisérgicos…
Como todos sabemos, Dom Mariani es un prolífico autor, capaz de negociar diversos estilos y sonidos. Siempre atinado con sus objetivos artísticos, lo mismo inscribe en la nómina de grandes referentes garageros a sus The Stems, que se adentra con éxito en entornos más almibarados dentro del pop alternativo y el power-pop melódico con The Someloves o marca diferencias con el surf instrumental de Dom Mariani & The Majestic Kelp.
Por eso, a nadie extrañó cuando en 2015 lanzaba una nueva firma musical bautizada como Datura4. Con esta iniciativa, Mariani se lanzaba a una propuesta nueva en su histórico musical: Hard-Rock de esencia Blues, sonidos inequívocamente setenteros, psicodelia y Boogie con algún ramalazo garagero escondido entre efluvios lisérgicos, desde luego un conglomerado sónico que poco tiene que ver con este siglo XXI que parece huir de exuberancias y canciones peso pesado.

Recientemente ha visto la luz el sexto disco alumbrado bajo esta nomenclatura (seis discos en once años, no está nada mal) titulado «High on the low brow» y que da continuidad al excelente «Neanderthal Jam» (reseña) de hace cuatro ejercicios.
Sirva lo comentado en el segundo párrafo de esta reseña para describir esta nueva entrega discográfica. Sin complejos, «High on the low brow» se adentra en sulfúricos entornos blues, al modo británico de los primeros setenta, tal vez con menos carga lisérgica que en pretéritas ocasiones y sin esconder, en muchos pasajes, el fuzz y los riffs pesados gracias a las guitarras de Joe Grech, dando empaque coral con excelsas armonías vocales, impresionante y variado uso de las teclas por parte de Bob Patient y algunos solos guitarreros ardientes y virtuosos a cargo de Mariani.
Producción exacta y concreta, sabedora de lo que se desea plasmar, tarea acometida por Dom Mariani en los estudios Fremantle (Australia), que también consigue un ramillete de composiciones dotadas de esa redondez melódica propia del orfebre australiano.
El disco fue presentado hace unas semanas por medio del single «Dirty Laundry» (pinchar), un tema que comienza con texturas desenchufadas y afines al blues del delta, para mutar en pesados riffs alternados con tórridos solos guitarreros, ataques de piano y órgano eléctrico y un final donde el saxo certifica y pone en valor los casi seis minutos que necesita el tema para desplegar su magia, un gran single de los que ni se suelen escuchar en estos tiempos, ni tienen cabida en el actual entorno mediático de la industria.
Sin sorpresas pero sin trucos, con un sonido que levanta la testa orgulloso de su origen y su recorrido, con canciones que son por lo que suenan y reivindican y no por las astucias que desde el estudio intentan convertirlas en algo exclusivo y novedoso, simplemente rock, blues, boogie y grasa psicodélica.
Temas como la inicial «Under a rock» con pianos golpeando y arrasadas secuencias de guitarras domadas con el slide; recargadas, que no cargantes, atmósferas púrpuras de psicodelia para la estupenda «Another fool’s gate» u ortodoxia setentera hard-rock con el zumbido del fuzz en otra favorita como «Getting through» son algunos motivos para acercarse y dejarse absorber por «High on the low brow».
Seis discos en once años para un proyecto, Datura4, que nació casi a escondidas, que parecía un homenaje a los tiempos de la paz y el amor visto desde la perspectiva del blues eléctrico y que vuelve para inundar de sonidos densos y viscosos, pero también sensuales y poderosos, este más que predecible y algo tramposo argumentario musical que hoy nos plantea la industria.
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