Discos Críticas

Reseña y crítica de ‘Tigers Blood’, álbum de Waxahatchee.

… un disco tan introspectivo como purificador, tan tierno como bravo, cuya grandeza reside en esos contrastes melódicos de nostalgia, de duelo y de desafío…

De Katie Crutchfield sigo prendado, musicalmente hablando, de manera progresiva y creciente desde que la descubrí en 2015 con su disco “Ivy Tripp”, aunque realmente fue con “Out in The Storm” de 2017, un álbum que tenía relación con la superación de una ruptura, cuando me percaté que, a pesar de moverse y valorarse más en circuitos indies donde abunda la morralla comercial, estábamos ante un caso extraordinariamente atípico de talento y de sensibilidad artística.

Y es que aquellas sensaciones que exhibía de melancólica y valerosa intensidad, permitían elucubrar un crecimiento musical que no tardó en confirmarse con el EP “Great Thunder” de 2018 y, sobre todo, con el aclamado Saint Cloud de 2020, donde se produjo su reconocimiento internacional desde dispares ámbitos, convirtiéndola en uno de los estandartes más brillantes del pop-rock alternativo que ha surgido en la última década, seguramente porque se alejó de aquel sonido más asociado con los noventa y se aproximó al espíritu de raíz americana, en un giro melódico con menor distorsión eléctrica o con menor profundidad acústica respecto a los dos inmediatos anteriores trabajos discográficos.

Waxahatchee tigers blood

Transcurridos cuatro años desde entonces y, aunque parezca lo contrario, Waxahatchee, alter ego artístico de Katie, no ha estado parada, ni mucho menos estancada. De hecho, a finales de 2020 lanzó, junto a Alynda Segarra (Hurray for the Riff Raff) y Azniv Korkejian (Bedouine) una maravillosa versión del Thirteende Big Star y, a principios de 2021, se reeditó el “Saint Cloud” con tres versiones de Lucinda Williams, Dolly Parton y Bruce Springsteen. Por si fuera poco, en 2022, y siguiendo un orden cronológico, participó con nuevas composiciones suyas en la banda sonora de la serie de animación infantil “El Deafo”, una especie de autobiografía heroica de la escritora Cece Bell que quedó sorda durante la infancia.

En ese mismo año realizó una colaboración intergeneracional con la legendaria cantante de country Wynonna en la canción “Other Side”, así como también formó dueto con su pareja sentimental Kevin Morby en dos versiones de Guided By Voices y de Broadcast como reivindicaciones sociales de defensa del aborto en el estado de Kansas y de lucha de derechos civiles, feministas y sanitarios, rematando aquel año con Plains, el dúo que montó con su amiga Jess Williamson, publicando juntas el excelente e injustamente poco reconocido álbum “I Walked With You a Ways”.

Ahora, como agua bendita, nos llega “Tigers Blood”, un artefacto sonoro que podría considerarse continuista respecto a “Saint Cloud”, sobre todo en esa luminosa forma de rasgar la guitarra acústica, pero que realmente resulta diferente e incluso más conceptual a la hora de alternar la confusión y la complejidad de las relaciones con una actitud combativa que sigue fascinando gracias a una lírica muy elaborada y a una voz prodigiosa que se contrae y se dilata hasta alcanzar instantes de considerable emoción.

Doce canciones son su contenido, con tres adelantos que permitieron intuir algo muy grande. Primero fue “Right Back to It”, que presentaba la participación en guitarras y coros del que dicen es el niño prodigio del country alternativo MJ Landeman junto al banjo de Phil Cook en una canción de autodeterminación, de caracter y de lamerse las heridas una misma. Después la adictiva “Bored”, cabalgando entre la calma, el empeño, el desconcierto y el derrumbe, y la prodigiosamente sorprendente “365”, impresionante balada acústica entre sombras de engaños, ruegos, errores, caídas y alzadas durante todos los días de un año.

Bajo la batuta instrumental y la producción de Brad Cook quedaba por llegar algo gigantesco. Cada pieza restante del álbum tiene su punto de concordancia con las anteriores. Si ”3 Sisters” es una melodía inmensa al borde de la desesperación y de la huida, que destapa el tarro de su universo y de sus esencias al narrar el estado mental de una mujer difamada y que se siente indefensa, “Evil Spawn” suena más melódicamente a Jayhawks, con ese aroma agridulce de añoranza de los buenos viejos tiempos.

Nos quedan más estupendísimas melodías. De mis favoritas es la más sureña y más Lucinda “Ice Cold”, entre el alejamiento y la perdida de un apreciado contacto, mientras que la armónica de Phil convierte a “Burns Out at Midnight” en más dylanita.

Waxahatchee tigers blood

Con ese banjo de fondo, suena cósmica “Lone Star lake”, atrapada en los pensamientos y en la ruta hasta el lago, entre el caos y la tristeza con un marco crepuscular y un recuerdo romántico de otras épocas que permanecen en la memoria, de trasfondo similar a “Crimes of the heart” en un callejón sentimental sin salida, o a “Crowbar”, como pura paradoja poética del yo más reflexivo, que en algunos instantes puede recordar a las formas de Natalie Merchant o de Michael Stipe con R.E.M.

A las dos coplas finales tampoco les falta buena carga emocional. “The Wolves” con la delgada línea de vivir al limite, y “Tigers blood”, con la armonía vocal de Cook, Lenderman y Natalia Chernitsky, nos llena de representaciones alegóricas, de llegar a la orilla, de reír, de sonreír, de sangre del tigre, de sonidos espeluznantes y de sirenas, como si se recriminase a sí misma, como si estuviera totalmente atrapada por sus pensamientos. Tremendo ese verso que dice que “bebí el jugo de otra persona, dejé solo la cáscara”.

A nivel general, creo que estamos ante un disco tan introspectivo como purificador, tan tierno como bravo, cuya grandeza reside en esos contrastes melódicos de nostalgia, de duelo y de desafío, con el que los suficientes ya nos podemos reafirmar como fans de Katie.

Ojalá alguna promotora la traiga de gira por nuestros garitos, ahora es el momento, igual que dije con Hurray for the Riff Raff en su más reciente álbum «The Past Is Still Alive». Y es que no llevamos ni un tercio del año en curso y, tal como sucedió en 2022, todo parece indicar que muchos de los mejores discos de 2024 van a ser de compositoras femeninas. Incluso con nueve meses de anticipación ya podemos asegurar que lista musical de fin de año que se precie deberá incluir a Waxahatchee en los puestos de cabeza porque menudo discazo se ha vuelto a cascar la de Alabama.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos que te pueden interesar